El vencimiento del acuerdo automotor entre Argentina y México abrió un nuevo foco de tensión en la industria. Desde el 18 de marzo, los vehículos que llegan desde el mercado azteca quedaron alcanzados por el arancel extrazona del 35%, el mismo que pagan los autos provenientes de Europa o China. A más de tres semanas del quiebre, la negociación sigue trabada y las terminales empezaron a reorganizar producción, entregas y disponibilidad para sostener la oferta sin generar un corte brusco.

En los hechos, el cambio no impactó de inmediato sobre los patentamientos porque las unidades que habían salido de México antes de esa fecha todavía pueden nacionalizarse sin pagar ese recargo. Por eso, las automotrices trabajan hoy con el stock que ya estaba en tránsito o almacenado en el país. El problema aparece más adelante: si el acuerdo no se recompone, los modelos mexicanos pasarán a competir con un costo mucho más alto y eso amenaza con alterar precios, provisión y planificación comercial.

Qué cambió y por qué preocupa

Hasta mediados de marzo, el intercambio automotor entre ambos países se regía por un esquema que permitía importar vehículos sin arancel. Ese beneficio se terminó y, desde entonces, cada unidad nueva que ingrese desde México debe tributar 35%. En ese punto está la alarma del sector: no se trata de una discusión teórica, sino de una modificación concreta en el costo de importación de varios modelos que tienen peso en el mercado argentino.

El frente de negociación permanece bloqueado por 118 posiciones arancelarias que la Argentina quiere incorporar al entendimiento general con México. El Gobierno busca sumar preferencias para productos como vinos, lácteos, carne aviar, frutas, hortalizas, maní, chocolates, aceite de girasol, siderurgia y químicos, entre otros rubros. México, por ahora, mantiene una postura restrictiva y eso dejó el capítulo automotor atrapado dentro de una discusión comercial mucho más amplia.

Las marcas que quedaron más expuestas

Entre las terminales con producción local, las más comprometidas por este escenario son Ford y Volkswagen. La primera trae desde México modelos como Bronco Sport y Maverick. La segunda depende de ese origen para Taos, Tiguan y Vento. En ambos casos, según admiten en la industria, hay stock para sostener la oferta durante al menos dos meses, lo que da algo de aire mientras siguen las conversaciones bilaterales.

También quedaron bajo presión otras compañías con presencia fuerte en el negocio importador. Nissan todavía comercializa unidades de Frontier producidas en la Argentina hasta octubre de 2025, pero más adelante deberá apoyarse en la provisión mexicana. A eso se suman Versa y Sentra. KIA, en tanto, sostiene buena parte de su ofensiva comercial con los K3 fabricados en México y en los próximos días lanzará el nuevo K4, también con ese origen. En menor escala, hay preocupación en General Motors por la Silverado, en Stellantis por RAM 1500, en Honda por la ZR-V y en Audi por la gama Q5.

Stock, cautela y reprogramación

Por ahora, las automotrices evitan hablar de faltantes inmediatos. En las concesionarias y en los patios de las terminales todavía hay unidades disponibles que entraron antes de la fecha de corte. Lo que sí empezó a cambiar es la planificación de corto plazo: algunas marcas ya reordenan producción y cronogramas logísticos para ganar tiempo y evitar que el problema explote antes de que se destrabe la negociación.

En el sector repiten que no se cancelaron operaciones ni se suspendieron programas, pero sí hay una recalendarización. El objetivo es simple: aguantar con el stock disponible, no trasladar todavía una señal de crisis al mercado y apostar a que el acuerdo se recomponga antes de que el cuello de botella se vuelva visible para el consumidor. La industria insiste en que el comercio automotor entre Argentina y México es demasiado relevante para ambas partes como para dejarlo caer sin costo.

La mirada desde México

La incertidumbre también se siente del otro lado. Durante el Encuentro de la Industria Automotriz en Automechanika 2026, Francisco González Díaz, presidente ejecutivo de la Industria Nacional de Autopartes de México, reclamó previsibilidad y pidió retomar un marco claro para la relación bilateral. Su mensaje no fue de ruptura, pero sí de advertencia: en un contexto global cada vez más imprevisible, dijo, la certidumbre entre socios históricos se vuelve un valor todavía más importante.

Esa declaración reflejó un clima compartido. La industria mexicana entiende que el problema ya no es solo qué productos quiere sumar la Argentina al acuerdo, sino cuánto tiempo puede soportar el sector automotor sin una regla clara. Mientras tanto, en el mercado local la cuenta es más concreta: cada semana que pasa sin acuerdo achica el margen de maniobra de las terminales y acerca el momento en que los autos mexicanos dejen de venderse con normalidad para empezar a sentirse bastante más caros.