Los fármacos inyectables para bajar de peso cambiaron el tratamiento de la obesidad y se volvieron una de las herramientas más buscadas de la medicina actual. Sin embargo, mientras algunas personas responden con una pérdida marcada de kilos, otras apenas muestran cambios o sufren efectos adversos que complican la continuidad del tratamiento. Un estudio publicado en Nature empezó a explicar por qué ocurre esa diferencia.

La investigación encontró variantes genéticas en dos genes, GLP1R y GIPR, que influyen tanto en la eficacia de medicamentos como la semaglutida, la liraglutida y la tirzepatida como en la aparición de náuseas y vómitos. El hallazgo no resuelve por completo el enigma, pero sí refuerza una idea que gana terreno entre especialistas: la respuesta a estos tratamientos no depende solo de la dosis o del diagnóstico, sino también de la biología particular de cada paciente.

Una revolución que no funciona igual para todos

Los medicamentos GLP-1 redefinieron el abordaje de la obesidad, una enfermedad que afecta a más de 1.000 millones de personas en el mundo. Su efecto sobre el apetito, el control de la glucosa y el descenso del peso los convirtió en una herramienta de enorme impacto clínico. En la Argentina, además, algunas de estas formulaciones ya cuentan con aprobación de la ANMAT, lo que consolidó su presencia en consultorios y tratamientos supervisados.

Pero el entusiasmo inicial convivió desde el comienzo con una pregunta incómoda. ¿Por qué dos personas con cuadros parecidos pueden tener resultados tan distintos con el mismo fármaco? La nueva investigación, liderada por el Instituto de Investigación en Genética 23andMe, puso el foco en el ADN para tratar de responder esa duda y encontró señales concretas en regiones genéticas vinculadas a la acción de estos medicamentos.

Lo que encontró el estudio en el ADN

El trabajo analizó datos de casi 28.000 usuarios que reportaron haber usado fármacos para bajar de peso. Allí apareció una dispersión muy marcada. Un pequeño grupo logró reducciones muy pronunciadas, mientras otro sector perdió poco, nada o incluso aumentó de peso. Esa amplitud empujó a los investigadores a mirar más allá de los factores clásicos como edad, sexo, origen étnico o condiciones previas.

Uno de los hallazgos más fuertes se detectó en el gen GLP1R, asociado a una mayor pérdida de peso durante el tratamiento. Según los datos relevados, quienes portaban una copia de cierta variante genética bajaban en promedio 0,76 kilos más en ocho meses que quienes no la tenían. En personas con dos copias, la diferencia superaba el kilo y medio. En paralelo, una variante en el gen GIPR se vinculó con un riesgo mucho mayor de efectos adversos, sobre todo vómitos, en pacientes tratados con tirzepatida.

Más que genética: edad, sexo y contexto clínico

Los autores remarcaron que la genética no explica todo. La respuesta a estos fármacos también está influida por factores clínicos y personales que siguen siendo decisivos. La edad, el sexo, la presencia de otras enfermedades y hasta la historia metabólica previa pueden alterar el efecto del medicamento y su tolerancia en cada organismo.

Por eso, el hallazgo no plantea un reemplazo del criterio médico, sino un paso más hacia tratamientos más ajustados a cada caso. La medicina de precisión en obesidad apunta justamente a eso: no tratar a todos igual, sino intentar prever quién tiene más chances de responder bien, quién podría necesitar otro abordaje y quién corre mayor riesgo de atravesar efectos adversos que terminen haciendo fracasar el plan.

El futuro: tratamientos más personalizados

La investigación también abre una discusión de fondo sobre el futuro del tratamiento de la obesidad. Si la respuesta a los GLP-1 puede empezar a anticiparse con herramientas genéticas, el uso de estos fármacos podría volverse más preciso y menos ensayo-error. En lugar de probar durante meses hasta ver qué ocurre, los médicos podrían tener mejores pistas para elegir la opción más eficaz y segura desde el inicio.

De todos modos, los especialistas advierten que estos medicamentos no deberían desligarse de un abordaje integral. Bajar de peso no es el único objetivo: también importa reducir masa grasa, preservar músculo, sostener resultados en el tiempo y evitar el uso indiscriminado. En ese marco, el estudio publicado en Nature no solo ayuda a explicar por qué el pinchazo no actúa igual en todos. También refuerza una conclusión más amplia: en obesidad, como en tantas otras áreas de la medicina, el cuerpo de cada persona tiene su propia manera de responder.