Durante décadas, en África Central circularon relatos sobre pequeños peces capaces de trepar cascadas, pero esas historias nunca habían sido confirmadas con evidencia científica. Ahora, un equipo de investigadores logró registrar por primera vez esa conducta y describir cómo una especie minúscula del Congo asciende paredes de agua en plena temporada de lluvias.

El hallazgo quedó plasmado en un estudio publicado en Scientific Reports y se centra en el Parakneria thysi, un pez endémico de la cuenca alta del río Congo. Los científicos lo observaron en las cataratas Luvilombo, donde miles de ejemplares avanzan por la roca mojada mientras enfrentan una subida casi vertical que puede alcanzar los 15 metros de altura.

Una escalada lenta y agotadora

Las observaciones se realizaron entre 2018 y 2020 bajo la dirección del biólogo Pacifique Kiwele Mutambala, de la Universidad de Lubumbashi. Los ejemplares estudiados miden entre 37 y 48 milímetros y fueron vistos desplazándose por la superficie húmeda de la cascada durante la época de crecidas.

Según el trabajo, el ascenso completo puede demandar casi diez horas. Sin embargo, el tiempo real de movimiento sería mucho menor. Los investigadores calcularon que los peces solo avanzan durante unos 15 minutos efectivos y que el resto del trayecto está marcado por pausas continuas para recuperar energía.

Cómo logran trepar una pared de agua

La clave de esa hazaña está en su estructura corporal. El estudio señala que estos peces cuentan con pequeños ganchos en las aletas pectorales y pélvicas, además de músculos especializados que les permiten sostener el peso del cuerpo mientras avanzan sobre la roca mojada.

Para cubrir apenas un metro de altura, los ejemplares necesitan entre 30 y 60 segundos de desplazamiento y hacen al menos ocho pausas breves. A lo largo de toda la cascada se detienen en repisas horizontales durante cerca de una hora en cada una. Por eso, el trayecto completo puede extenderse casi durante un día entero.

No todos consiguen llegar arriba

Los investigadores advirtieron que solo los individuos más pequeños, de menos de 48 milímetros, logran completar la escalada. Los peces de mayor tamaño parecerían perder esa capacidad, en parte porque les resulta más difícil sostener su propio cuerpo durante el ascenso.

El recorrido, además, no está exento de riesgos. Las zonas con salientes invertidas y las ráfagas repentinas de agua hacen que muchos queden rezagados o directamente sean arrastrados hacia abajo. La escalada, entonces, no solo es lenta: también es extremadamente exigente.

Por qué hacen este esfuerzo

Los científicos sostienen que este comportamiento ocurre únicamente al final de la temporada de lluvias, sobre todo en abril y mayo. Aunque todavía no hay una respuesta definitiva, la principal hipótesis es que muchos de estos peces son arrastrados corriente abajo durante las lluvias intensas y luego intentan regresar a sus hábitats río arriba.

Ese patrón tiene semejanzas con migraciones ascendentes observadas en otras especies de peces en regiones como Hawái y Brasil. En el caso del Parakneria thysi, el fenómeno suma ahora un valor especial porque se trata de un comportamiento que durante más de medio siglo había sido mencionado solo como parte del saber local.

Las amenazas que ponen en riesgo a la especie

El estudio también advierte que esta adaptación extraordinaria enfrenta peligros crecientes. Uno de ellos es la pesca con redes ilegales de malla pequeña, que aprovecha la concentración de peces antes de la escalada para capturarlos en masa.

A eso se suma otro problema: el desvío de las aguas del río Luvilombo durante la estación seca para irrigar cultivos. Ese uso puede llegar a secar por completo sectores del curso inferior del río y afectar tanto la migración como el acceso de la especie a zonas clave de su hábitat.

Un comportamiento único que ahora busca protección

Los autores del trabajo remarcaron la necesidad de tomar medidas urgentes para conservar este fenómeno biológico singular. Entre las alternativas mencionadas aparece el desarrollo de actividades de ecoturismo, no solo como vía de protección del entorno. Sino también como una forma de generar conciencia sobre el impacto humano en la zona.

La investigación encabezada por Mutambala dejó documentado uno de los ejemplos más llamativos de adaptación evolutiva registrados en los últimos años. Y al mismo tiempo abrió una advertencia: esa conducta extraordinaria, que recién ahora pudo ser observada con pruebas. Y podría quedar amenazada si no se protege el río donde ocurre.