La posibilidad de que las petroleras incorporen de manera voluntaria hasta un 15% de bioetanol en las naftas abrió una discusión inmediata entre automovilistas: qué puede pasar con el motor y si esa mezcla nueva puede traer problemas mecánicos. La respuesta, en principio, es tranquilizadora para los usuarios de autos nafteros convencionales: no se esperan daños en vehículos modernos, aunque sí podría haber una diferencia en el rendimiento.

El cambio fue habilitado por una modificación normativa del Gobierno nacional, que busca darle a las empresas una herramienta para compensar el encarecimiento del petróleo. La medida no altera el corte obligatorio vigente, sino que les permite a las refinadoras subir voluntariamente la proporción de bioetanol dentro de ciertos parámetros de calidad ya establecidos.

Qué pasa en el motor cuando sube el bioetanol

En los autos modernos, una mayor presencia de bioetanol no debería generar inconvenientes mecánicos. Esto se debe a que la electrónica del vehículo puede corregir de manera automática la combustión y adaptarse a la nueva mezcla sin que el conductor note cambios bruscos en el funcionamiento.

Incluso, desde el punto de vista técnico, el bioetanol tiene una ventaja: eleva el octanaje del combustible. Eso significa que, en calidad de combustión, la mezcla puede comportarse como una nafta de mejor nivel. El punto es que esa mejora no viene sola y convive con otra consecuencia menos favorable para el bolsillo.

Por qué el auto podría consumir más

Aunque el bioetanol mejora el octanaje, también tiene menor capacidad energética que la gasolina convencional. En términos simples, eso quiere decir que el auto puede necesitar algo más de combustible para hacer el mismo recorrido. Según estimaciones de especialistas, el incremento en el consumo podría ubicarse entre un 5% y un 10%, dependiendo del uso y del tipo de vehículo.

Ese será uno de los factores que las petroleras deberán poner en la balanza al momento de decidir si les conviene aumentar la mezcla. El cálculo no pasa solo por abaratar el litro en surtidor, sino también por ver si esa reducción compensa el mayor consumo que puede aparecer en la práctica.

En autos viejos, la atención debe ser mayor

Donde sí podría haber alguna diferencia más sensible es en vehículos más antiguos. En esos casos, el bioetanol puede acelerar el desgaste de ciertas piezas, sobre todo mangueras y componentes que fueron diseñados para trabajar con gasolina convencional y no con mezclas de mayor contenido alcohólico.

De todos modos, los especialistas no plantean un escenario de daño inmediato ni de fallas generalizadas. La advertencia apunta más bien al desgaste prematuro en autos viejos, no a un problema estructural para todo el parque automotor naftero.

Qué es el bioetanol y por qué vuelve a ganar terreno

El bioetanol forma parte del universo de los biocombustibles, es decir, combustibles líquidos o gaseosos obtenidos a partir de biomasa vegetal o grasas animales. En este caso, se produce principalmente con caña de azúcar, porque sus azúcares son simples y pueden fermentarse directamente.

En los últimos años, los biocombustibles volvieron a tomar impulso no solo por la discusión ambiental, sino también por una cuestión de costos. Con el precio del petróleo bajo presión por la situación en Medio Oriente, alternativas como el bioetanol vuelven a aparecer como una opción para aliviar el valor final del combustible.

El antecedente que mira la Argentina

Brasil es el principal ejemplo regional en este terreno. Allí, una parte importante del parque automotor funciona con mezclas mucho más altas de bioetanol, e incluso existen vehículos preparados para usar combustible con una proporción completamente vegetal. En ese mercado, los motores y sistemas electrónicos ya fueron calibrados para esa realidad.

En Argentina, en cambio, el cambio es mucho más moderado. Con una mezcla de hasta 15%, los autos modernos no necesitan una recalibración especial, por lo que el impacto esperado es bastante más acotado que en mercados donde el bioetanol tiene una presencia mucho mayor.

Qué cambió con la resolución oficial

La resolución del Gobierno no modificó el corte obligatorio ni introdujo nuevas exigencias para las refinadoras. Lo que hizo fue adecuar la norma vigente para que, si una empresa lo considera conveniente, pueda subir voluntariamente la proporción de bioetanol en las naftas hasta un máximo del 15%.

Además, la medida dejó sin cambios el esquema aplicable al biodiesel, ya que en el gasoil ya estaban contempladas mezclas de hasta el 20%. Por eso, el foco de esta modificación quedó puesto sobre las naftas, el segmento más expuesto a la reciente volatilidad del precio internacional del petróleo.

Un cambio que no se notará igual en todos los autos

En la práctica, el automovilista promedio probablemente no perciba una diferencia drástica en el andar del vehículo. Sí puede empezar a notar, si la mezcla se aplica y se generaliza, que el consumo sube levemente en trayectos habituales. Ahí es donde estará el verdadero impacto cotidiano del cambio.

Por eso, la discusión no pasa tanto por un riesgo mecánico, que en los autos modernos no aparece como un problema, sino por la relación entre costo, rendimiento y conveniencia. El motor seguirá funcionando. La pregunta, más bien, será cuánto cambia el surtidor en relación con lo que el auto termina gastando.