El consumo interno de carne vacuna mostró una leve recuperación durante 2025, aun cuando la producción cayó y los precios subieron por encima de la inflación. Tras un 2024 marcado por mínimos históricos, la mejora en la demanda reabre el debate sobre la capacidad del sector ganadero para abastecer simultáneamente al mercado interno y a las exportaciones.

Según un informe de la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes y Derivados de la República Argentina (CICCRA), el consumo aparente de carne vacuna aumentó un 2,4% interanual, mientras que la producción total se contrajo un 1,1%, reflejando las tensiones estructurales que atraviesa la actividad.

Menos producción y ajuste en la oferta

A lo largo de 2025, la menor disponibilidad de hacienda para faena derivó en una producción de 3,143 millones de toneladas res con hueso, lo que implicó una caída de 35,1 mil toneladas respecto del año anterior. Desde CICCRA atribuyen este fenómeno a los efectos acumulados de la sequía, la liquidación de stock y la baja en la producción de terneros registrada en los últimos años.

Este escenario productivo condicionó la oferta total de carne vacuna, generando un delicado equilibrio entre los volúmenes destinados al mercado interno y los compromisos externos.

Exportaciones en retroceso

En el frente externo, las exportaciones de carne vacuna registraron una baja del 9,5% interanual, principalmente por el ajuste en las compras de China durante la primera mitad del año. En términos absolutos, los envíos al exterior totalizaron 846,4 mil toneladas res con hueso, es decir, 88,5 mil toneladas menos que en 2024, cuando se había alcanzado un récord histórico.

La menor demanda externa permitió que una mayor proporción de la producción quedara disponible para el consumo interno, factor clave para explicar la recuperación observada en el mercado local.

El consumo volvió a crecer, pero sigue bajo

Como resultado de estos movimientos, el consumo total de carne vacuna alcanzó 2,297 millones de toneladas res con hueso, con un incremento de 53,4 mil toneladas respecto de 2024. El consumo per cápita también mostró una mejora, al ubicarse en 48,4 kilos por habitante al año, un 1,2% más que el año anterior.

Pese al repunte, el nivel sigue por debajo de los registros de 2023, lo que evidencia que la recuperación aún es parcial y frágil.

Desde CICCRA señalaron que “paradójicamente, mientras la producción cayó, el consumo interno logró recuperarse levemente, impulsado por el ajuste de las exportaciones”. No obstante, advirtieron que la recomposición del stock ganadero será lenta y dependerá de condiciones macroeconómicas estables y previsibilidad para el productor.

Precios muy por encima de la inflación

El contexto de oferta ajustada tuvo un impacto directo en los precios. Durante 2025, la carne vacuna subió más del doble que la inflación general, que cerró en torno al 31,5%. Los aumentos fueron especialmente marcados en los cortes más demandados: el asado registró una suba anual cercana al 60%, mientras que cortes como nalga, cuadril, paleta y carne picada común mostraron incrementos superiores al 65% en algunos casos.

Desde la Cámara Argentina de Matarifes y Abastecedores, Ariel Morales explicó que el traslado de costos fijos y la escasez de hacienda explican gran parte de la suba. Como referencia, señaló que el kilo de asado pasó de promediar $14.000 en 2024 a rondar los $20.000 en la actualidad.

Un equilibrio frágil hacia adelante

Para los próximos meses, el sector espera una moderación estacional de los precios durante el verano, aunque anticipa un nuevo ajuste a partir de marzo, cuando la oferta vuelva a reducirse. La retención de vientres para recomponer el rodeo, sumada al empuje del consumo interno y la exportación, vuelve a tensionar el mercado.

Desde CICCRA subrayaron que el contexto internacional ofrece una oportunidad, con precios firmes y una demanda global que valora la calidad y el estatus sanitario de la carne argentina. Sin embargo, remarcaron que aprovechar ese escenario exigirá reglas claras, inversión sostenida y una estrategia de largo plazo que permita transformar la actual restricción productiva en crecimiento genuino.