Diego Armando Maradona, el jugador de fútbol, suele dividir los sentimientos en el país. Hay quienes separan al hombre del jugador, hay otros que han pedido dejar de verlo como un mito. Lo cierto es que su historia está llena de recovecos muy fuertes y esos son los que generan mucha incomprensión, odio y admiración. Sí, todo eso por una misma persona.

Sin embargo, como tal, «el Diego» cosechó que muchos de sus compatriotas lleven su nombre. Algunos han llegado al fútbol como Diego Armando Barrado, el más inmediato y que pasó por Tucumán jugando en Atlético. Pero nadie hasta el momento se llamó: Diego Armando Maradona. Hasta que apareció Diego Armando Maradona Araujo Perdomo.

Diego nació en el 1987 en Venezuela. Un año después de que Maradona ganara el Mundial en México y que convirtiera sus dos goles históricos con la camiseta argentina contra los ingleses, a poco tiempo de que la Guerra de Malvinas llegara a su fin, y con toda la carga emotiva que ese encuentro tenía.

Mucho se habló incluso de lo que significó ese partido para muchos países. De hecho ese mismo encuentro es el que desató el fanatismo por la selección argentina en el país Bangladesh a miles de kilómetros de nuestro continente.

Pero volviendo a la historia de Diego, lo llamativo de su caso no es el fanatismo del padre, ni que en la época en la que nació el Registro Civil de Venezuela permitiera usar el nombre del jugador, sino que usa el apellido Maradona como un nombre más.

Consultado acerca de si ha sentido algún tipo de presión por ser llamado así, ya sea para dedicarse al fútbol o de cualquier otro tipo nos cuenta que en Venezuela alguna que otra vez ha recibido alguna «joda incómoda» por la asociación que hay de Diego Maradona con el Chavismo.

Pero relata que todo cambió cuando llegó a la Argentina. A confesión de parte, le cuenta a VOVE que ha conseguido algunos beneficios. «Pasar antes» en el Registro Civil, tener algún que otro trato similar en una importante aerolínea, son solo algunos.

La historia de Diego Armando Maradona Araujo Perdomo muestra solo un poco de lo que significa el jugador en algunas partes del mundo. Cómo, hoy su recuerdo, sigue resonando en la vida de una mayoría.