Crisis, heladas y reconversión: la situación del citrus tucumano tras la suba de aranceles
El presidente de la Federación Argentina del Citrus, José Carbonell, advirtió que el sector atraviesa una crisis estructural desde hace más de seis años. En diálogo con la prensa, brindó un diagnóstico sobre el impacto productivo, las hectáreas perdidas y los desafíos que enfrenta la actividad frente a los nuevos escenarios comerciales.
«La pérdida de rentabilidad comenzó en 2019. Desde entonces, la situación del limón no ha hecho más que agravarse», explicó Carbonell. El dirigente apuntó que el exceso de producción frente a una demanda estable generó una caída de precios sostenida, lo que derivó en la salida de unas 15.000 hectáreas de producción. Además, las heladas registradas en junio de 2024 terminaron por profundizar la crisis: «No solo se perdió volumen de cosecha, sino también estructura productiva. Muchas hectáreas no se pudieron reconvertir a otro cultivo», lamentó.
A diferencia del limón, la naranja experimenta una situación relativamente mejor en términos de precios durante los últimos tres años. Sin embargo, Carbonell remarcó que no es una solución extensiva para todo el complejo citrícola. En ese contexto, algunas fincas ensayan opciones como la palta o incluso el café.
«El café es un intento que me llena de ilusión, aunque sabemos que las condiciones climáticas no son las ideales», reconoció. Según el dirigente, la inversión en ese cultivo aún es mínima en comparación con el peso histórico del limón en la economía regional.
¿Importación de limón?: el impacto real es marginal
Consultado sobre el efecto de las importaciones tras la suba de aranceles, Carbonell relativizó el impacto directo. «El comercio internacional es una avenida de doble vía. Si uno pretende exportar, tiene que admitir que también le pueden vender», expresó.
Aunque en algunas temporadas ingresó limón desde España o China, el dirigente aclaró que fueron volúmenes acotados y dirigidos a cubrir la demanda fuera de época, entre octubre y febrero, cuando ya no hay cosecha local. «Son nichos de mercado muy específicos. De ningún modo alteran la economía del sector», aseguró. Según explicó, el 90% del limón argentino se cosecha entre marzo y septiembre. Lo que se conserva para el resto del año corresponde a remanentes, destinados a abastecer el consumo interno durante el verano.
