El rechazo a los pliegos de Ariel Lijo y Manuel García-Mansilla en el Senado desató una crisis política que expuso las debilidades del oficialismo, las fracturas dentro del PRO y la interna sin tregua en el kirchnerismo. Para Javier Milei, el traspié parlamentario significó una derrota estratégica que lo dejó sin respaldo institucional en la Corte Suprema y aislado en la negociación judicial.

Desde Miami, el Presidente reaccionó en redes sociales con la virulencia que lo caracteriza. Acusó sin nombrarlos a Cristina Kirchner y a Mauricio Macri de ser responsables del «pacto de impunidad» que habría volcado los votos en contra. El mensaje fue amplificado por medios libertarios, mientras su entorno intentaba contener los daños políticos de una jugada que terminó mal.

Judiciales bajo fuego: el fin del plan de Milei

García-Mansilla habría redactado su renuncia antes de la votación. Fuentes cercanas aseguran que esperaba este resultado y que solo resta definir si formalizará su salida. La presión desde la Casa Rosada para que permanezca en el cargo se volvió insostenible incluso entre sus colegas, que lo consideran dañado institucionalmente.

El revés judicial coincidió con el desaire de Donald Trump, que no recibió al Presidente durante su paso por Mar-a-Lago. La doble derrota puso en evidencia el debilitamiento de la estrategia de poder de Milei, que ya afronta un frente económico complicado y tensiones crecientes en su alianza con el PRO.

El quiebre con Macri y el operativo desgaste en CABA

El vínculo entre Milei y Macri parece haber llegado a un punto de no retorno. La decisión de competir en la Ciudad de Buenos Aires con Manuel Adorni fue leída como una provocación directa, especialmente para el entorno del expresidente. En el PRO acusan a Santiago Caputo de operar con mensajes agresivos y una campaña digital sucia.

La interna se proyecta sobre el escenario electoral porteño, clave para ambos espacios. Para el macrismo, es una pulseada por la hegemonía. Para Milei, una oportunidad de consolidar su construcción territorial. La derrota en este distrito podría tener consecuencias directas sobre las negociaciones futuras y el reparto de poder en el Congreso.

Cristina Kirchner, cercada por Kicillof y el calendario electoral

El frente opositor no está exento de tormentas. Cristina Kirchner enfrenta su propio laberinto político. Enfrentada a Axel Kicillof por el desdoblamiento electoral en la provincia, comenzó a deslizar la posibilidad de una candidatura a diputada provincial por la Tercera Sección, lo que dejó al descubierto la tensión creciente con el gobernador.

En el Instituto Patria interpretan el adelantamiento como un intento de vaciar el peso de Cristina en la campaña nacional. Kicillof, por su parte, busca evitar ser un nuevo Alberto Fernández y no quiere que el cristinismo le imponga condiciones. En ese juego de poder, los intendentes del conurbano ganaron protagonismo con una solicitada que dejó sin margen de maniobra a la ex presidenta.

Sistema institucional paralizado y desconfianza generalizada

La crisis política excede a los nombres propios. El Congreso no logra avanzar con la Auditoría General ni con el funcionamiento regular del Consejo de la Magistratura. El clima general es de parálisis institucional y desconfianza entre los actores políticos. El frustrado Pacto de Mayo es apenas otro síntoma del cortocircuito permanente entre los espacios.

Caputo, el asesor más influyente del oficialismo, se convirtió en figura pública con la biografía «El Monje». Su frase final en el libro («no hay chance de que yo termine bien») refleja la visión de una política sin zonas grises, donde el pragmatismo parece una traición.

El conurbano: termómetro social del humor electoral

Mientras la política se consume en disputas palaciegas, el conurbano bonaerense empieza a dar señales de alerta. Estudios recientes de la consultora DAT revelan un creciente malestar social. La pérdida de empleo formal, la inseguridad y la inflación impactan en los sectores más vulnerables, incluso en los históricos bastiones kirchneristas.

En ese escenario, Milei intenta sostener su programa económico, pero las últimas señales del mercado —caída de acciones argentinas, disparada del riesgo país y reservas en retroceso— ponen en duda la capacidad del Gobierno de llegar con fuerza a las elecciones de octubre. El FMI sigue siendo la carta principal.