En Tucumán, en la víspera de navidad del 2016, dos policías dispararon con bala de goma a la cabeza de Miguel Reyes Pérez y luego lo remataron de un culatazo. Murió 23 días después de una larga agonía en coma.

Reyes era un joven de 26 años que vivía en el barrio San Cayetano. El 24 de diciembre de 2016 dos policías de la patrulla motorizada del 911 le dispararon en la cabeza con una itaka y lo golpearon.

“Mi hijo fue perseguido porque era un chico adicto, quebrado por el paco. Ocho años he golpeado puertas para que me ayuden con ‘Reyes’ y nadie me ayudó. Esos policías me dijeron que me lo iban a traer en un cajón a mi hijo, y así fue”, relata Ana Reales madre del joven a La Nota.

«Tenía que robar para Gerardo Figueroa y Mauro Navarro. Robaba para la policía para que lo dejen caminar. Fue perseguido constantemente por estos policías», asegura la mujer acompañada por el abogado querellante Ginés Aráez, de la organización Andhes.

Figueroa y Navarro están imputados por el delito de homicidio agravado por haber sido cometido por personal policial en abuso de su función. Ambos esperan el juicio en libertad. El mismo tendrá lugar el próximo 29 de noviembre, donde la familia espera tener justicia para el joven.