Qué dejaron las elecciones provinciales: oficialismos firmes, peronismo en crisis y Javier Milei en ascenso
Seis elecciones provinciales recientes —Salta, Jujuy, Chaco, Misiones, San Luis y la ciudad de Buenos Aires— trazaron un nuevo mapa electoral que combina la consolidación de oficialismos locales, el crecimiento desigual de La Libertad Avanza (LLA) de Javier Milei y el retroceso del peronismo. Aunque sin configurar una tendencia nacional definitiva, los comicios revelaron un escenario en transición.
La principal novedad fue el rendimiento de LLA, que logró instalarse como tercera fuerza nacional. Si bien su performance fue dispar, evidenció su capacidad de crecer donde no hay estructuras tradicionales arraigadas. En cambio, en distritos con fuerte control territorial, el empuje libertario se diluyó.
El voto de castigo y el avance de LLA
De los 4.285.156 votos emitidos en las provincias relevadas —excepto San Luis—, LLA reunió 1.153.761 sufragios, el 26,92%. Aunque esa cifra no supera ampliamente el promedio de los oficialismos (27,87%), marca un punto de inflexión para una fuerza que no existía en 2021.
Los resultados específicos refuerzan esta idea: 24,38% y 27,63% en Salta para diputados y senadores; 19,15% en Jujuy; 43,99% en Chaco (en alianza con la UCR); 30,09% en CABA; y 20,72% en Misiones. En Salta Capital, incluso superó su media: 31,38% y 32,43%.
Para Lucas Romero (Synopsis), esto demuestra un proceso de “construcción territorial muy lento” aún atado a la figura de Milei. Mariel Fornoni (Management & Fit) coincide: el partido expresa malestar, pero con estructura “frágil” y dependiente del arrastre presidencial. Mora Jozami (Casa Tres) identifica un perfil social claro: hombres jóvenes, de clase alta, con base en el interior.
Los oficialismos resisten, aunque ya no arrasan
Cinco de los seis comicios fueron ganados por oficialismos locales. No hubo victorias holgadas, pero sí suficiencia para conservar el control. En Salta, Gustavo Sáenz retuvo las bancas con un margen ajustado. En Chaco, Leandro Zdero (UCR) ganó con el 43,99% junto a LLA. En Misiones, el Frente Renovador de la Concordia mantuvo su hegemonía con apenas el 27,08%.
San Luis fue excepción: Claudio Poggi (JxC local) barrió en casi todos los departamentos. En cambio, CABA marcó el tropiezo del PRO: Jorge Macri cayó al tercer puesto con 15,90%, superado por LLA y Unión por la Patria.
Para Fornoni, los oficialismos “resisten donde hay liderazgos territoriales consolidados y control de recursos”, aunque con márgenes cada vez más finos. Romero agrega que “pagan los platos rotos de una política nacional que no manejan”.
Jozami advierte que el éxito de los gobiernos provinciales depende de si la agenda pública se mantiene local: «Cuando se nacionaliza, como ocurrió en CABA, retroceden». Salinas lo resume en un dilema: «¿De qué sirve facilitar leyes al gobierno nacional si en sus provincias pierden votos con Milei?».
Ausentismo récord: un síntoma profundo
El dato más elocuente del nuevo ciclo es el ausentismo. Con un promedio del 42,7%, superó ampliamente el 29,3% registrado en estos mismos distritos dos años atrás. El fenómeno refleja una desafección creciente hacia la política.
Chaco fue el caso más extremo, con apenas 52,1% de participación. Le siguieron CABA (53,35%), Misiones (55,41%), San Luis (56,24% en Pedernera), Salta (62,41% en Capital) y Jujuy (64%).
Romero explica que “ya no hay costo por no votar”, mientras Fornoni diferencia apatía de desafección: el voto dejó de ser una herramienta de cambio. Jozami agrega que el desdoblamiento del calendario electoral genera fatiga y confusión. Para Salinas, los ciudadanos “ven promesas rotas y se alejan también del plano local”.
El peronismo, fuera del centro del ring
El PJ estuvo ausente o fue marginal en la mayoría de estas elecciones. En Salta, Jujuy y Misiones —donde está intervenido judicialmente— no logró presentar listas competitivas. En Salta Capital apenas alcanzó el 6,04%, y en San Martín, el 7,21%.
En Chaco (32,76%) y en Pedernera (San Luis) con 23,98%, logró el segundo lugar, pero sin capacidad de disputar. En CABA, su 27,32% no le alcanzó para superar a LLA.
“El peronismo atraviesa su peor ciclo provincial en décadas”, afirma Romero. Fornoni lo define como una crisis de identidad: sin proyecto nacional ni liderazgo renovado, los aparatos ya no alcanzan. En Buenos Aires, sin embargo, la condena a Cristina Kirchner activó cierta cohesión, con su figura funcionando como símbolo de unidad frente al avance libertario.
Juntos por el Cambio: competitivo, pero fragmentado
JxC mostró que puede mantenerse en competencia, pero solo si conserva la unidad. Donde se fracturó —como en Salta o CABA— perdió terreno. En la Ciudad, el PRO quedó tercero y parte de su electorado migró a LLA.
Fornoni advierte que su capital reside en la cohesión interna y el anclaje territorial. El problema ahora es redefinir su identidad: ¿liberal, moderada o pragmática? Salinas es escéptico: «no hay lugar para una tercera vía en un país polarizado entre Milei y el anti-Milei». Jozami, en cambio, cree que aún puede recuperar espacio si encarna una opción de gestión, centrada y moderada.
