Esta es la historia de Amparo, una niña de tan solo 8 años que sueña con seguir conquistando el mundo a través del ajedrez. Juega desde sus cinco años y tiene en su haber numerosos premios, muchos de ellos orgullosamente con el número 1 tallado. Después de haberse consagrado campeona en el último torneo realizado en Catamarca, necesita del apoyo de todos los tucumanos para emprender un viaje a Buenos Aires, donde representará a Tucumán en el Torneo Nacional de Villa Martelli.

Desde VoveTucumán nos pusimos en contacto con Alberto Pérez Bogado, papá de Amparo, quien nos detalló algunos de los logros que ha conquistado hasta ahora la pequeña gigante ajedrecista. «Amparo logró el 1° puesto en su categoría en Valle Viejo, Catamarca. También el 1° puesto en Termas del Río Hondo, ganándole en ambos casos a la actual campeona argentina», dijo orgulloso. No son todos los méritos con los que cuenta, además tiene otros trofeos, medallas y diplomas, «que enorgullece a sus padres por su dedicación y compromiso, sin descuidar a su escuela y sus amigos».

Alberto explica lo complicado que resulta poder autogestionarse las actividades que realizan los niños que compiten en alguna actividad, en este caso el ajedrez. «Por diferentes factores, sean de tiempo, económicos, distancia; seguir el ritmo de las competencias es complejo. Por eso es importante que Amparo consiga algún sponsor que le permita dejar de ser una promesa para realizar uno de sus sueños, ser una Gran Maestra, máximo titulo otorgado a nivel mundial«, explicó el papá.

La familia aguarda esperanzada que la ayuda llegue, «ojalá se concrete, lo importante es que participe». Y llamó a reflexionar sobre la actividad de competencia en menores, ya que aunque aparentemente son niños jugando, «en realidad son deportistas que se esfuerzan mucho».

Cómo se construye así misma una pequeña gigante ajedrecista

Hace tres años que Amparo transita su propio camino entre piezas blancas, piezas negras y un tablero reticulado desde sus cinco años que aprendió a jugar. La curiosidad fue clave para que ella se acercara al ajedrez pero es también un legado familiar ya que Alberto también jugaba cuando era chico, por diversión con sus primos y amigos.

Fue durante la pandemia la primera vez que se encontró con la torre, la dama, el rey, los alfiles, los caballos y los peones. Su papá le enseñó el movimiento de cada pieza y las reglas del juego, así fue como todo empezó. «A los pocos meses me ganó, y mirá que nunca me dejé de ganar», relata Alberto entre feliz y circunspecto por aquella derrota. Cuando cesaron las restricciones, fueron a un torneo en Famaillá que terminó por convencer a Amparo de seguir desafiándose en el tablero.

El Club 64 fue quien acompañó su aprendizaje después del primer torneo, ya que puso más de una vez en aprietos a Alberto por consultarle sobre jugadas especiales: «Ella me mandaba audios al trabajo, me pedía que le enseñe la jugada francesa o italiana», cuenta entre risas. «Es que cuando le apasiona algo, le gusta investigar», señala el padre.

La rutina incluye una visita semanal al club y otra clase online con Ricardo Medina, Alberto destaca el acompañamiento que tuvo de los profesores y cómo han colaborado para que Amparo siga conquistando conocimientos y estrategias. Sin embargo, su actividad como ajedrecista no hizo que ella descuidara sus obligaciones con la escuela ni el contacto con sus afectos.

Indudablemente el talento de Amparo no se limita a un cuadrado bicolor. «En jardín de 5 ya leía de corrido, se aprendía los nombres científicos de los dinosaurios. Hoy está interesada en los países. Y se aprendió muchísimos, con sus banderas y algunas capitales», señala el papá.

Amparo rodeada de sus trofeos