El mejor helado de Australia se hace también con manos tucumanas: Francisco Márquez Amaya y su participación en el equipo que conquistó el título
Después de probar 380 de los mejores productos lácteos de Australia, los jueces de los prestigiosos Australian Grand Dairy Awards han anunciado a los campeones de 2024 de todo el país. El premio al mejor «Ice cream” se lo llevó The Standard Market Company, la empresa de helados artesanales de la que Francisco Marquez Amaya forma parte.
Francisco es tucumano, cuenta con una amplia experiencia en el mundo gastronómico y decidió, hace poco más de un año, llevar sus conocimientos más allá, atravesando fronteras. En diálogo exclusivo con VOVE Tucumán, Marquez cuenta más detalles al respecto: “Yo trabajo para una compañía que se llama The Standard Market Company y es el segundo año consecutivo que ganamos con el mismo sabor, el Lindt 70% Chocolate”.
Lindt es un chocolate suizo, que tuvo su origen hace más de 170 años, y se ubica en el primer puesto de su categoría premium. “Imagínate, utilizamos ese chocolate de verdad para hacer este helado que queda súper denso, súper dulce, con un sabor muy marcado a chocolate. Es un producto muy premium”, explicó Francisco.
Un trabajo artesanal y fresco, con materia prima de calidad, eso es lo que destaca de este producto y por eso fueron reconocidos con este galardón. “Es un equipo chico, hacemos helados artesanales. Hacemos literalmente todos los días”, contó. Medjeda Bekkara es la manager y yo soy el segundo a cargo, hacemos helados junto a otras tres personas. De tanto en tanto, hacemos pruebas con nuevos sabores, nuevos productos. Vemos si la gente lo acepta y si lo hace, después sale a la venta. Así que esa es un poquito la historia”.
Además, también destacó qué significa estar dentro de ese equipo laboral: ”La verdad es que me gusta trabajar acá porque trabajamos con productos reales. Cuando uno entra a una fábrica, se da cuenta que a veces lo que come son muchos polvitos mágicos y muchos líquidos, casi instantáneos”.
Marquez es un apasionado de la cocina y la pastelería, cuenta con mucha experiencia también en la docencia. Tanto en una reconocida escuela como en la UNSTA, por lo que la conversación se sostiene fluidamente pese a las 12 horas de diferencia. Se mudó a Australia hace 15 meses y confiesa que aún sigue adaptándose.
“Cuando era chico siempre quise vivir como en la otra parte del mundo. Me pareció un poco mágica la idea de que uno pudiera conocer cosas nuevas”, contó recordando a ese muchacho de catorce años. ”Vine acá hace cinco años, me encantó. Después, logré venir para acá definitivamente”, dijo. Respecto a qué se necesita para emigrar, Francisco asegura que se logra con una pizca de locura y, tal vez un poco de fe ciega: “Hay que creer que las cosas van a salir o van a salir. Después hay que lucharla todos los días, cuando uno llega acá no es tan mágico, pero vale la pena si es tu deseo”.
El desarraigo sacude fuerte a los argentinos, desde siempre. En este país la familia siempre fue el punto de contención más importante, a diferencia de otras culturas.” A veces, las cosas se ponen duras, cuando la familia está lejos y dejas muchas cosas en Argentina, te comenzás a replantear el montón de casos”, explicó. Como recomendación, Francisco sugiere recurrir a la terapia. “Si se puede, algún terapeuta o seguir con terapia. Porque a veces uno necesita hablar con alguien en el mismo idioma, con las mismas palabras. En mi caso, yo soy tucumano, entonces prefiero hablar con un tucumano (no con alguien de Argentina). Siento que con él conecto, hablamos algunas cosas, porque uno siempre tiene miedo de perder la argentinidad, pero cuando está lejos, es como que se maximiza”, cerró.
