Javier Milei volvió a elegir las redes sociales para cerrar filas en torno a su gestión y defender el rumbo económico del Gobierno. En un mensaje publicado en X, el Presidente sostuvo que la Argentina «está mucho, mucho mejor que en 2023», cuestionó el tono de buena parte de la cobertura mediática y pidió sostener el actual programa pese al malestar que todavía persiste en distintos sectores.

El descargo llegó en una semana atravesada por cuestionamientos a la administración nacional y por el impacto político de la causa judicial que investiga al jefe de Gabinete, Manuel Adorni. En ese contexto, Milei buscó reordenar el mensaje oficial con una idea central: admitir que la recuperación no se siente igual en toda la sociedad, pero insistir en que el camino elegido sigue siendo el adecuado.

Un mensaje para sostener el plan

En su publicación, el mandatario defendió los indicadores económicos con una crítica directa a quienes remarcan el deterioro cotidiano por encima de las estadísticas generales. «Podemos discutir la metodología todo lo que quieran, pero los datos son contundentes», escribió, y luego afirmó que negar esa evolución con base en casos particulares implica desconocer la evidencia. También apuntó contra los medios al sostener que es insostenible instalar que «todo está mal» cuando, según su visión, la pobreza ya perforó su nivel más bajo de los últimos siete años.

Aun así, Milei evitó presentar una mejora uniforme y reconoció que no toda la ciudadanía vive hoy una situación mejor. Dijo que sería «intelectualmente deshonesto» afirmarlo y planteó que los procesos de recomposición avanzan con velocidades distintas según el lugar que cada persona ocupa dentro de la economía. Desde esa mirada, justificó el pedido de paciencia y remarcó que modificar el programa actual implicaría «dinamitar lo logrado».

Inflación, actividad y herencia kirchnerista

Sobre el final de su mensaje, el Presidente reconoció que los últimos meses resultaron especialmente difíciles, aunque volvió a cargar la responsabilidad sobre la gestión anterior. En ese tramo, atribuyó la tensión inflacionaria, la suba de tasas y la menor actividad al efecto de «las bombas» que, según dijo, dejó el kirchnerismo sobre la economía antes de abandonar el poder. Para Milei, ese costo no podía evitarse y formó parte del precio a pagar para empezar a ordenar las variables principales.

Ese mismo argumento apareció horas antes en una entrevista emitida por la TV Pública, donde también vinculó el mal momento de la inflación a factores externos. Allí señaló que la guerra en Medio Oriente alteró el precio internacional del petróleo y terminó golpeando de manera directa sobre los valores internos. Pese a ese cuadro, aseguró que abril mostrará una desaceleración y que el segundo trimestre empezará a exhibir una mejora en los indicadores sociales, especialmente en pobreza.

El intento de combinar números y desgaste social

En esa entrevista, Milei volvió a colocar a la «motosierra» como columna vertebral de su política económica y reafirmó que no tiene dudas sobre las decisiones que viene tomando desde que llegó a la Casa Rosada. Dijo que sabe «qué hay que hacer» y sostuvo que actuar desde una convicción moral termina acomodando tanto la política como la economía. Esa frase volvió a mostrar el tono con el que el Presidente intenta defender un ajuste que, aunque sigue siendo su principal bandera, también acumula costos sociales y desgaste en el día a día.

El punto más delicado de su discurso pasó, precisamente, por ese equilibrio entre los promedios macroeconómicos y la experiencia concreta de quienes siguen golpeados por la crisis. Milei admitió que las estadísticas no capturan del mismo modo a quienes quedan «en las colas» de la distribución, pero usó esa misma idea para reforzar que no piensa alterar la hoja de ruta. Con ese mensaje, el Gobierno buscó enviar una señal política clara: frente a las críticas, la recesión y el ruido judicial que rodea a figuras clave del oficialismo, la apuesta sigue siendo sostener el plan sin cambios.