Brexit: las promesas que no llegaron y el Reino Unido que quedó peor que antes
A casi una década del referéndum que marcó la salida del Reino Unido de la Unión Europea, muchas de las promesas que impulsaron el Brexit quedaron lejos de cumplirse. La economía no tuvo el salto esperado, el comercio exterior perdió fuerza, la burocracia aumentó y el sistema de salud público atraviesa un fuerte deterioro en la percepción social.
Uno de los principales argumentos de los sectores que defendieron la ruptura con Bruselas era que el país crecería más rápido al quedar fuera de las regulaciones comunitarias. Sin embargo, distintos informes económicos muestran un escenario contrario. Un análisis del National Bureau for Economic Research y la Universidad de Stanford estimó que el PBI británico se encuentra entre seis y ocho puntos por debajo del nivel que podría haber alcanzado si el país hubiera seguido dentro del bloque.
La Oficina para la Responsabilidad Presupuestaria también calculó que la productividad es alrededor de un 4% menor de lo que habría sido sin el Brexit. Desde la salida de la UE, la economía británica promedió un crecimiento anual del 1,4%, por debajo del ritmo registrado en los 15 años previos.
Menos comercio y más trámites
El comercio exterior fue otro de los frentes donde las expectativas no se cumplieron. La OBR estimó que el intercambio comercial es actualmente un 15% más bajo. Además, los acuerdos firmados con terceros países fuera de la Unión Europea no tuvieron el impacto material que habían prometido los defensores del Brexit.
La salida del bloque también trajo más trámites para moverse entre el Reino Unido y los países comunitarios. Los viajes libres quedaron limitados a un máximo de 90 días y los ciudadanos de la UE deben tramitar una autorización electrónica para ingresar al territorio británico. Los costos de permisos y visados también aumentaron para estadías más largas.
El golpe alcanzó incluso al ámbito educativo. Según datos del Observatorio Migratorio de la Universidad de Oxford, la cantidad de estudiantes comunitarios en universidades británicas bajó de 138.040 en el ciclo 2016-2017 a 75.490 en 2023-2024. Los costos y la complejidad de los trámites redujeron el atractivo del Reino Unido para miles de jóvenes europeos.
El NHS y la promesa del bienestar
El sistema de salud público británico, conocido como NHS, fue una de las banderas más usadas durante la campaña del Brexit. Los impulsores de la salida prometían que el dinero destinado a Bruselas podría reforzar los servicios internos. La percepción social, sin embargo, muestra un fuerte deterioro.
La última Encuesta de Actitudes Sociales Británicas indicó que solo uno de cada cuatro ciudadanos se declara «muy» o «bastante satisfecho» con el funcionamiento del sistema sanitario. En 2016, ese nivel de satisfacción llegaba al 63%. La insatisfacción, en cambio, creció de manera marcada.
También quedó lejos la promesa de reducir la inmigración. Si bien muchos ciudadanos comunitarios dejaron el país, las llegadas desde países extracomunitarios aumentaron con fuerza. El resultado fue distinto al planteado por los sectores nacionalistas que defendían «más Reino Unido y menos Europa».
La ultraderecha, más fuerte
El balance político también dejó una paradoja. Los sectores que empujaron con más fuerza la salida de la Unión Europea no quedaron debilitados por los resultados económicos y sociales del Brexit. Al contrario, Reform UK, el partido asociado al liderazgo de Nigel Farage, aparece mejor posicionado en las encuestas y se convirtió en una amenaza para conservadores y laboristas.
Entre los pocos beneficiados aparece Irlanda del Norte, que quedó con una posición económica particular: puede acceder tanto al mercado de bienes de la Unión Europea como al del Reino Unido. También creció el sector aduanero, obligado a responder al nuevo volumen de trámites generado por la ruptura.
El Brexit prometía más crecimiento, menos burocracia y mayor control político. Los datos acumulados muestran otro cuadro: una economía más lenta, más restricciones, menos estudiantes europeos, un sistema sanitario más cuestionado y una ultraderecha fortalecida por el mismo proceso que ayudó a construir.