La semana laboral de cuatro días (o 36 horas) es un proyecto que se lleva a cabo en varios países y empresas. El objetivo es el de mejorar y aumentar la calidad de vida de los trabajadores, mientras se testean los resultados sobre la productividad. Una firma argentina se animó a probar este nuevo esquema laboral.

La empresa Quales, una tecnológica dedicada a brindar soluciones de datos, comenzó en agosto a implementar su propia prueba. Hasta ahora, los resultados son más que satisfactorios, según indicaron. “El negocio mejoró en su capacidad productiva”, destacó Judith Irusta, Chief People Officer de Quales.

La tecnológica comenzó a aplicar los 4 días semanales a todos los 150 trabajadores de la empresa, que se distribuyen entre Argentina, España y Uruguay. Hace un mes, fue calificada como Great Place to Work y cuenta con paridad en su plantilla. Lo que motivó el experimento fue la curiosidad por cómo se implementaba en los países desarrollados la idea de “poner a las personas en el centro”.

Sin negocio no hay beneficio”, señaló Irusta, quien además, subrayó el alto nivel de compromiso. “El marketing que le haría a la medida es que mejoró el negocio, porque trabajamos con personas más felices, que son más productivas. Las personas reciben lo que más quieren, que es tiempo, cuidan el beneficio y además cuidan a la empresa”.

Primeras cifras de la nueva medida

Los resultados preliminares de la implementación de la semana laboral reducida son alentadores. Se mantuvo un 100% de productividad, redujeron el ausentismo eventual e incluso notaron que los trabajadores organizaron sus turnos médicos u otros asuntos personales en ese tiempo extra. Esto significó una reducción notable de las ausencias el resto de los días.

Según la medición de Great Place to Work, la satisfacción del equipo aumentó al 98%. Respecto a la rotación, vieron que se redujo en un 20% en comparación con toda la medición de 2021. Sobre el costo de la medida, enfatizaron en que no hay ninguno, porque el sostenimiento de la productividad hizo que se mantenga la rentabilidad. Agrega, además, Irusta, que se trató de “hackear los modelos de trabajo”. La implementación de la semana reducida no fue obligatoria. Pero, aclaran, que nadie la rechazó.