Mitos de ser superdotado en Argentina: «Tener un IQ alto no te hace feliz»
Cuando era chico, Esteban Lavaca se aburría en la escuela. Muchas veces se sentía extraño entre sus compañeros: a nadie le interesaba debatir sobre agujeros negros u operaciones complejas. En primer grado, cuando descubrió que resolvía sin esfuerzo los problemas matemáticos, se dio cuenta de que era diferente.
Esteban forma parte de 2% de la población con el Coeficiente Intelectual más alto del mundo. Y si bien él es especial, asegura que su inteligencia es una herramienta más. “Te ayuda a comprender el entorno y a tomar decisiones racionales. Sin embargo, la felicidad pasa mucho por lo social. Y creo que un alto IQ y la capacidad de sociabilizar, van por distintos carriles”.
Desde hace años, Esteban es miembro de Mensa es una asociación civil que se encarga de identificar a las personas con el coeficiente intelectual (IQ) más alto, también de contenerlas y acompañarlas. “El ingreso a la entidad comienza con la realización de un test que mide con exactitud el IQ. Una persona con Altas Capacidades Intelectuales es aquella que presenta un nivel de aptitud sobresaliente, por encima de la media. Sin embargo, ante la falta de información a nivel general, estas capacidades pueden pasar desapercibidas y confundirse con otros diagnósticos”, explica José Luis Martínez, director de desarrollo de Mensa International.
Cómo reconocer a una persona con coeficiente intelectual alto
“Suelo escuchar mucho a adultos con Altas Capacidades, diagnosticados luego de la adolescencia o en la adultez temprana, que se lamentan de no haber sido detectados en la infancia”, señala Ananda Rosso, Psicóloga Evaluadora Nacional para Mensa Argentina.
El primer espacio donde suele reconocerse a un sujeto con Altas Capacidades Intelectuales es en la familia, o en su defecto, en los primeros años de escolarización. «Lo que se detecta en general no es que esa persona posee altas capacidades, sino más bien, que es diferente».
“Consideran que sus dificultades a nivel social o afectivo se hubieran minimizado de saber qué era eso que los hacía diferentes”. Por diferente, muchos niños y niñas entienden “malo, y piensan que hay algo deficiente en ellos”, detalló Rosso. «Especialmente al momento de socializar o de compartir intereses con sus pares”.
