Consultoras privadas sostienen que una familia con ingresos de entre 120 y 150 mil pesos pertenecen a la clase media empobrecida
La aceleración de la inflación generó consecuencias en el poder adquisitivo de la clase media. Hasta el último informe del INDEC, en junio, una familia tipo necesitaba al menos 104 mil pesos para no ser pobre. Siguiendo este parámetro, consultoras privadas analizaron que en la actualidad una familia tipo, para ser considerada clase media alta, debería contar al menos con un piso adquisitivo de entre 250 mil y 300 mil pesos; mientras que para ser clase media empobrecida debería tener un piso de ingresos de entre 120 mil y 150 mil pesos.
Guillermo Olivetto, de la consultora W, aseguró que esto modifica los hábitos de consumo de la clase media, que comienza a recortar gastos. En ese sentido, expresó que la conducta se resume en «¿qué quiere la clase media? Seguir siendo clase media. La aspiración de máxima es no perder lo que tiene. La de mínima, perder lo menos posible. Es una clase media que se siente bajo amenaza y está a la defensiva”.
Por otra parte, especialistas aseveraron que el fenómeno de decrecimiento de los sectores medios tiene su origen a finales de los 90 y que se aceleró con la crisis de 2001. Actualmente, con este contexto económico «del total de la población, un 17% pertenece a la clase media alta con ingresos promedio por hogar de 300.000 pesos y un piso de 250.000 pesos; y un 28% a la clase media baja, con ingresos promedio de 150.000 pesos y un piso de 120.000 pesos. En tanto, solo un 5% pertenece a la clase alta (con ingresos promedio de 800.000 pesos por mes y un piso de 450.000 pesos). El resto, está en los estratos más bajos por debajo de la línea de pobreza».
En este sentido, Olivetto expresó que la clase media buscó distraer la situación mediante «la compra de bienestar», es decir, «sentirse bien un rato, ir al teatro, a un recital, salir a comer una pizza». Pero realizó un llamado de atención, porque este fenómeno se expresaba con proyección de la inflación anual del 60% y «con la presunción de una inflación al 90%, en el segundo semestre, con medidas que tiene componentes de ajuste, va a haber más perdida de poder adquisitivo”.
Cambios de paradigma del sueño de la casa propia
Generacionalmente el sueño de la casa propia y del auto propio eran los grandes objetivos de los jóvenes de entre 20 y 30 años. El último informe de La Nación reveló que los jóvenes hoy aspiran a terminar de estudiar, conseguir un trabajo y viajar, dejando las prioridades de la obtención de un inmueble o un auto en un último plano.
La crisis económica afectó el mercado inmobiliario. Teniendo en cuenta el poder adquisitivo actual, obtener una casa tasada en dólares se ha convertido en una meta difícil de cumplir. Pablo Besmedrisnik, director de VDC Consultora, señaló que «hoy se necesitan alrededor de cuatro sueldos promedio para comprar tan solo un metro cuadrado de vivienda en un barrio estándar de la ciudad de Buenos Aires. También, el mercado de alquileres está fuertemente restringido, con mucha oferta fuera del mercado. Necesariamente la clase media tiene que conformarse con vivir en condiciones habitacionales inferiores a las históricamente verificadas y el costoso alquiler termina golpeando con fuerza a la capacidad de compra de otros bienes necesarios”.
Besmedisnik también se refirió a la cantidad de sueldos necesarios para obtener el primer auto, concluyendo que «hoy es muy difícil acceder a un vehículo: se requieren 19 salarios promedios para poder adquirir un auto, casi el doble que cinco años atrás. Pero con un agravante: la falta de disponibilidad de autos 0 kilómetro presiona al alza el precio de los usados».
