De 1.600 correos a una audiencia con el Papa: cómo cambia la vida después de ganar un Premio Nobel
Ganar un Premio Nobel puede convertir de un día para otro a un investigador acostumbrado a las aulas y los laboratorios en una figura reconocida en la calle. Cinco académicos vinculados con Harvard contaron cómo el galardón modificó sus rutinas, multiplicó las invitaciones y los puso frente a públicos que antes estaban muy lejos de su trabajo cotidiano. Pese a esa exposición, todos coincidieron en que continuaron dedicando buena parte de su tiempo a investigar y enseñar.
Las experiencias abarcan varias generaciones de premiados: Claudia Goldin, Gary Ruvkun, Oliver Hart, Amartya Sen y Eric Maskin. Algunos utilizaron la nueva visibilidad para impulsar investigaciones o causas sociales, mientras otros tuvieron que aprender a rechazar pedidos y opiniones sobre asuntos alejados de su especialidad. El reconocimiento también produjo encuentros inesperados con reyes, presidentes, artistas y personas que simplemente los identificaron en la calle.
Claudia Goldin recibió 1.600 correos en tres días
La economista Claudia Goldin recibió en 2023 el Premio del Banco de Suecia en Ciencias Económicas por sus estudios sobre la participación de las mujeres en el mercado laboral. Durante los tres días posteriores al anuncio llegaron alrededor de 1.600 correos electrónicos con felicitaciones, invitaciones, pedidos de asesoramiento y propuestas de conferencias. La académica aseguró que leyó todos los mensajes y tuvo que aprender rápidamente a rechazar buena parte de las solicitudes.
Goldin decidió mantener su política de no realizar consultorías remuneradas, aunque hizo algunas excepciones vinculadas con actividades que consideró relevantes o divertidas. Entre ellas estuvo el asesoramiento gratuito al sindicato de jugadoras de la liga profesional femenina de básquet de Estados Unidos durante una negociación contractual. También realizó un lanzamiento ceremonial antes de un partido entre los Red Sox y los Yankees, para el que entrenó durante seis semanas.
La economista llegó incluso a modificar algunos hábitos cotidianos después de convertirse en una figura reconocible. Bromeó con que ya no podía adelantar a otros conductores de manera tan agresiva porque alguien podía identificarla. El dinero del premio fue destinado a un fondo de Harvard para financiar investigaciones en historia económica.
Gary Ruvkun pasó del subte de Boston al Vaticano
El genetista Gary Ruvkun, ganador del Nobel de Medicina de 2024 junto con Victor Ambros por sus descubrimientos sobre el microARN, experimentó una fama especialmente visible en Boston. Personas que viajaban con él en la Línea Verde comenzaron a reconocerlo y acercarse para hablar. Ruvkun comparó con humor su notoriedad local con la del actor Matt Damon, aunque aclaró que la semejanza terminaba allí.
La llamada del comité sueco llegó alrededor de las cuatro de la madrugada y, pocas horas después, periodistas ya habían entrado en su casa. Luego aparecieron invitaciones de organizaciones científicas, instituciones educativas y distintos grupos sociales. Una de ellas lo llevó a la Academia Pontificia de Ciencias, donde ofreció un seminario y pudo saludar al Papa.
La atención pública también produjo situaciones mucho menos formales. Durante una cena en Estocolmo, un grupo que celebraba una despedida de soltero se acercó varias veces para conversar con él. Uno de los hombres terminó pidiéndole una carta de recomendación para un hijo que todavía no había nacido, y Ruvkun aceptó escribirla a lápiz.
Oliver Hart empezó a recibir preguntas sobre casi cualquier tema
Para Oliver Hart, premiado en 2016 por sus contribuciones a la teoría de los contratos, el mayor cambio fue dejar de ser conocido casi exclusivamente dentro del ámbito académico. Después del Nobel comenzaron a pedirle opiniones sobre economía, política internacional y otros temas que muchas veces quedaban fuera de su especialidad. Con el tiempo, la intensidad de esa atención disminuyó, aunque nunca regresó por completo al nivel anterior.
El premio también abrió contactos que terminaron influyendo en su trabajo. Hart conoció en Estocolmo a un abogado con quien posteriormente inició una colaboración académica sobre contratos. Años después reconoció que ese vínculo difícilmente habría surgido sin la exposición generada por el Nobel.
La distinción también produjo una reacción personal inesperada. Hart contó que comenzó a preguntarse con mayor frecuencia si realmente merecía el reconocimiento y relacionó esa sensación con el denominado síndrome del impostor. Su recomendación para investigadores jóvenes es concentrarse en producir buen trabajo sin convertir la obtención de un Nobel en un objetivo.
Amartya Sen convirtió el premio en una fundación
El economista Amartya Sen, galardonado en 1998 por sus aportes a la economía del bienestar, sostuvo que el Nobel no cambió de manera radical su carrera. Continuó trabajando sobre pobreza, desarrollo humano, educación y salud, temas que ya ocupaban el centro de sus investigaciones. La principal diferencia fue que esos asuntos comenzaron a recibir una atención internacional mucho mayor.
Sen utilizó el dinero recibido para crear la Fundación Pratichi en India. La organización trabaja especialmente en educación básica y atención médica para niños de bajos recursos. El economista explicó que deseaba impulsar un proyecto de esas características desde antes de recibir el premio y que el reconocimiento le proporcionó los recursos necesarios.
La fama también multiplicó entrevistas, viajes y compromisos sociales. Gran parte de las solicitudes procedían de India y Bangladesh, donde su figura ya era ampliamente conocida. Para Sen, esas obligaciones podían quitar tiempo a la investigación, aunque al mismo tiempo permitían amplificar debates que consideraba importantes.
Eric Maskin aprovechó la notoriedad para impulsar reformas electorales
Eric Maskin, Nobel de Economía de 2007 por sus trabajos sobre diseño de mecanismos, aseguró que la mayor parte de sus días siguió siendo bastante similar después del premio. Continuó investigando y enseñando, mientras sus colegas y estudiantes seguían interesados principalmente en sus trabajos actuales. La diferencia apareció fuera de la universidad, donde su voz comenzó a tener un alcance mucho mayor.
Maskin aprovechó esa visibilidad para hablar sobre sistemas electorales y mecanismos de votación. El Nobel facilitó invitaciones a conferencias, publicaciones de artículos de opinión, participación en grupos de trabajo y presentaciones ante legislaturas. También le permitió encontrarse con miembros de distintas familias reales, presidentes y primeros ministros.
La exposición trajo además pedidos de pronósticos y análisis sobre temas en los que no se consideraba especialista. Maskin reconoció que uno de los riesgos del Nobel es que otras personas asuman que el ganador tiene respuestas sobre casi cualquier asunto. Para estos investigadores, la medalla abrió puertas inesperadas, pero también los obligó a decidir cuidadosamente cuándo utilizar esa nueva autoridad pública y cuándo mantenerse dentro de los límites de su experiencia.
