Los proyectos de minería previstos para la próxima década implican inversiones superiores a USD 50.000 millones y podrían generar una demanda significativa para empresas argentinas de construcción, ingeniería, metalmecánica y servicios. Un estudio elaborado por la Unión Industrial Argentina (UIA) y la Cámara Argentina de Empresas Mineras (CAEM) estimó que solo la construcción de los principales desarrollos de cobre requerirá grandes volúmenes de hormigón y acero. Al mismo tiempo, el informe señaló que buena parte de la maquinaria pesada y de los equipos tecnológicos más complejos continuará dependiendo de proveedores internacionales.

El relevamiento, realizado con apoyo del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), calculó que los proyectos de cobre podrían demandar en conjunto alrededor de 220.000 metros cúbicos de hormigón y 68.000 toneladas de acero estructural por año durante su etapa de construcción. Ese volumen abre posibilidades para constructoras, cementeras, acerías y compañías metalmecánicas radicadas en distintas regiones del país. También aparecen requerimientos vinculados con infraestructura, logística y servicios especializados.

La ingeniería constituye otro de los segmentos con potencial participación local. Durante la primera etapa de mayor actividad, los proyectos requerirían más de 1,8 millones de horas-hombre, mientras que durante la fase operativa la demanda podría estabilizarse cerca de las 140.000 horas anuales hacia 2038. A esto se suma la necesidad de desarrollar infraestructura para alojar a unas 43.000 personas vinculadas con las diferentes iniciativas.

Seis proyectos de cobre concentran buena parte de las inversiones

Argentina cuenta con 72 proyectos mineros incluidos en distintas etapas de desarrollo, aunque la mayor parte de las inversiones se concentra en un grupo reducido. Más del 70% corresponde a seis grandes iniciativas de cobre: Vicuña, El Pachón y Los Azules, en San Juan; Taca Taca, en Salta; MARA, en Catamarca; y PSJ Cobre Mendocino, en Mendoza.

Alrededor del 25% de las inversiones corresponde, en tanto, a 16 proyectos de litio ubicados principalmente en Jujuy, Salta y Catamarca. La magnitud de esas iniciativas genera demanda potencial no solamente para proveedores estrictamente mineros, sino también para empresas de construcción civil, alimentación, transporte, tratamiento de residuos, servicios tecnológicos y software industrial.

El estudio identificó capacidades locales en rubros como cemento, cal, estructuras prefabricadas, tratamiento de agua, laboratorios, metrología y logística especializada. Las posibilidades de participación, sin embargo, varían considerablemente según el tipo de equipamiento requerido. Cuanto mayor es la complejidad tecnológica, menor resulta actualmente la oferta de fabricación nacional.

El debate por las normas de compre local

Uno de los puntos analizados por UIA y CAEM es la forma en que las compañías mineras organizan sus contrataciones. Habitualmente se priorizan primero los proveedores de las comunidades cercanas al proyecto, luego las empresas radicadas dentro de la misma provincia y, finalmente, las firmas del resto del país. Ese esquema busca favorecer el desarrollo económico de las zonas directamente vinculadas con las explotaciones.

El informe advierte, no obstante, que determinadas normas provinciales de compre local pueden limitar la participación de empresas argentinas establecidas fuera de las jurisdicciones mineras. Una parte importante de la capacidad industrial de mayor escala se encuentra en Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba, provincias que no concentran los grandes proyectos metalíferos incluidos en el relevamiento.

En algunos casos, compañías radicadas en esos distritos conforman uniones transitorias de empresas con proveedores de las provincias mineras para participar de las contrataciones. El estudio plantea así el desafío de combinar el desarrollo de proveedores próximos a los proyectos con la utilización de capacidades industriales existentes en otras regiones del país.

Qué equipos seguirían llegando desde el exterior

La mayor dependencia de importaciones aparece en los equipos de gran porte y elevada complejidad tecnológica. Entre ellos se encuentran perforadoras, palas, camiones mineros, chancadores, molinos SAG, plataformas de perforación y sistemas avanzados de control y automatización. Según el relevamiento, estos productos son fabricados principalmente por compañías internacionales que actualmente no cuentan con producción equivalente en Argentina.

Solo durante la primera etapa de los proyectos de cobre podrían requerirse cerca de 500 camiones mineros de alto tonelaje. Cada unidad puede costar entre USD 3 millones y USD 8 millones, dependiendo de sus características y capacidad. Ese tipo de equipamiento representa una porción relevante de las importaciones necesarias para poner en funcionamiento los desarrollos.

La expansión minera plantea así dos mercados diferenciados para los proveedores. La industria nacional cuenta con capacidad para participar en numerosos segmentos vinculados con construcción, ingeniería, insumos y servicios, mientras que los componentes tecnológicos más especializados continuarán dependiendo en buena medida de fabricantes extranjeros. El nivel de integración local que finalmente alcancen los proyectos dependerá de las condiciones de contratación y de la capacidad de los proveedores argentinos para incorporarse a las distintas etapas de las inversiones.