Argentina y Estados Unidos cerraron en Córdoba el ejercicio combinado «Daga Atlántica», una actividad militar de gran magnitud que reunió a integrantes de las Fuerzas Armadas argentinas y a personal especializado norteamericano. El despliegue fue supervisado por el ministro de Defensa, Carlos Presti, y por el embajador estadounidense, Peter Lamelas, junto a otras autoridades nacionales.

La actividad se desarrolló en la IV Brigada Aerotransportada, en las afueras de la ciudad de Córdoba. Allí se realizó una demostración operativa con participación del Ejército, la Armada y la Fuerza Aérea, en un escenario ficticio de rescate de rehén. La secuencia incluyó el ingreso al terreno, fuego de cobertura, recuperación del objetivo y extracción de la zona.

Un ejercicio con mando argentino

El entrenamiento formó parte de una preparación para PANAMAX 2026, un ejercicio internacional previsto en Panamá. En esa instancia, Argentina volverá a tener un rol de comando operacional sobre fuerzas especiales de países participantes. En Córdoba, la particularidad fue que los equipos estadounidenses dejaron el control del operativo en manos de los mandos argentinos.

Según explicó Presti, esa decisión representó «un salto de calidad» para las Fuerzas Armadas. El funcionario destacó que la participación argentina no se limitó a ejecutar maniobras, sino que también incluyó tareas de planificación y conducción. El ejercicio contó con presencia de integrantes del Comando de Operaciones Especiales del Comando Sur de Estados Unidos y de la Universidad Conjunta de Operaciones Especiales.

Durante la demostración participaron más de 50 uniformados argentinos. También se utilizaron vehículos y medios de las tres fuerzas, entre ellos helicópteros, aviones, patrulleros oceánicos y blindados. La actividad permitió evaluar capacidades de coordinación entre componentes terrestres, navales y aéreos.

La relación militar con Estados Unidos

El ejercicio se enmarca en una agenda de mayor acercamiento entre Argentina y Estados Unidos en materia de defensa. Presti señaló que el intercambio con fuerzas norteamericanas permite acceder a experiencias, tecnología y métodos de entrenamiento que no estaban disponibles para las tropas argentinas durante años. También remarcó la capacidad de planificación de oficiales y suboficiales locales.

Del acto participaron además los ministros Federico Sturzenegger, Pablo Quirno y Mario Lugones, junto a legisladores y otras autoridades. El presidente Javier Milei tenía previsto asistir, pero finalmente no viajó por cuestiones de agenda. La intención oficial es repetir la experiencia con una presencia extranjera más amplia y con ejercicios de mayor complejidad.

El Gobierno también proyecta un despliegue más importante hacia 2028. Para entonces, se espera que ya estén incorporados buena parte de los vehículos Stryker y los aviones F-16 adquiridos por Argentina. Esa renovación de equipamiento aparece como una pieza clave para mejorar la interoperabilidad con fuerzas aliadas.

Negociaciones por helicópteros Black Hawk

En paralelo al ejercicio, Presti confirmó que continúan las conversaciones con Estados Unidos por la posible compra de helicópteros Black Hawk para el Ejército. Según detalló, se negocia por cuatro unidades de la versión Lima, con la posibilidad de que dos lleguen antes de fin de año. El paquete incluiría logística y capacitación.

El ministro aclaró que la operación no está caída y que el tema fue conversado con Lamelas. Para el Gobierno, esos helicópteros permitirían mejorar la capacidad de despliegue y la interoperabilidad con otras fuerzas aéreas. De todos modos, el funcionario evitó vincular estos avances con una eventual participación argentina en conflictos externos.

Presti sostuvo que una intervención de ese tipo requeriría otro nivel de adiestramiento y equipamiento. También señaló que parte del material de la Armada argentina arrastra décadas de antigüedad. En ese marco, ubicó el ejercicio en Córdoba como una instancia de capacitación y cooperación, no como preparación para un escenario de guerra inmediato.

El cierre de «Daga Atlántica» dejó además una certificación internacional para los uniformados que participaron de la misión. Según destacaron fuentes del área, se trató de un reconocimiento con validez vinculada a estándares de la OTAN y la ONU. Para Defensa, el ejercicio mostró el valor del capital humano de las Fuerzas Armadas y abrió una nueva etapa de cooperación con Estados Unidos.