Moody’s descartó, por ahora, una mejora inmediata en la calificación de la deuda soberana argentina. La agencia reconoció avances en materia fiscal, cambiaria y de reducción del riesgo de default, pero advirtió que todavía necesita más señales de continuidad política y un programa claro para enfrentar los vencimientos externos de 2027. El análisis fue presentado durante la conferencia “Inside Argentina 2026”, realizada en el hotel Four Seasons de Buenos Aires.

La posición de Moody’s llega tras la mejora de calificación anunciada por Fitch Ratings, que generó expectativas en el mercado financiero. Sin embargo, los ejecutivos de la agencia marcaron que cada revisión depende de una evaluación propia sobre la sostenibilidad del programa económico. Para la calificadora, la Argentina redujo riesgos importantes, aunque todavía debe demostrar que puede sostener ese sendero en un contexto político y financiero exigente.

La continuidad del programa, una condición central

Jaime Reusche, vicepresidente y senior credit officer de Moody’s, sostuvo que sería prematuro subir la calificación sin mayor certeza sobre la continuidad de las políticas económicas. El ejecutivo afirmó que la nota argentina mejoró con fuerza dentro de la escala interna de la agencia durante el último año y medio. Aun así, remarcó que la confianza en la permanencia del rumbo fiscal y monetario será clave para cualquier decisión futura.

Marie Diron, managing director de Global Sovereign Risk, planteó una mirada similar durante la conferencia de prensa. La ejecutiva señaló que Moody’s necesita más historial para evaluar si los avances pueden sostenerse en el tiempo. Según explicó, el análisis no depende únicamente del compromiso del Gobierno, sino también de su capacidad para cumplir en el escenario doméstico e internacional.

Los vencimientos de deuda de 2027

Uno de los principales focos de preocupación está puesto en los compromisos de deuda que la Argentina deberá afrontar en 2027. Reusche indicó que la agencia busca cuantificar si las fuentes de financiamiento disponibles alcanzarán para cubrir esas necesidades. El funcionario de Moody’s valoró que el Gobierno no quiera volver a los mercados externos a cualquier costo, aunque dejó abierta la pregunta sobre si habrá recursos suficientes.

La estrategia oficial apunta a conseguir financiamiento barato y evitar tasas que comprometan la sostenibilidad fiscal. Para Moody’s, esa postura tiene lógica, pero todavía requiere una hoja de ruta más precisa. La calificadora observa que el país cuenta con alternativas de financiamiento, incluido el mercado interno en moneda dura, aunque el costo del riesgo país sigue siendo elevado frente a otros países con calificaciones comparables.

Riesgo político y reacción de los mercados

Moody’s también mantiene bajo observación el riesgo político. Reusche aclaró que la preocupación no pasa solo por la existencia de tensiones o episodios de inestabilidad, sino por su impacto sobre las variables financieras, macroeconómicas y fiscales. En ese sentido, la agencia evaluará cómo reaccionan los mercados y los agentes económicos ante eventuales crisis o cambios de clima político.

El ejecutivo también se refirió a la posibilidad de reversión de reformas ante un eventual cambio de gobierno. Según su análisis, existe un riesgo difícil de medir, aunque detectó cierto consenso político sobre la necesidad de evitar déficits fiscales persistentes. Para Moody’s, esa mayor conciencia sobre la responsabilidad fiscal puede reducir la probabilidad de marcha atrás en algunos aspectos centrales del programa.

Brecha cambiaria, controles y financiamiento

La calificadora destacó que la brecha entre el dólar oficial y los tipos de cambio paralelos se redujo de manera significativa. Reusche señaló que el tipo de cambio muestra disponibilidad de divisas en el mercado local y que, por ahora, no se observan presiones sostenidas sobre las bandas superiores. De todos modos, aclaró que Moody’s no modifica una calificación por movimientos cambiarios de corto plazo.

El análisis de la agencia se concentra en los fundamentos crediticios y no en saltos puntuales de las variables financieras. Por eso, aunque la evolución cambiaria sea un dato positivo, no alcanza por sí sola para justificar una mejora inmediata. Moody’s también observa la permanencia de controles de capitales y la capacidad del Gobierno para normalizar gradualmente el acceso al financiamiento.

Qué falta para una mejora de calificación

Reusche explicó que no existe una sola variable capaz de activar automáticamente una suba de la nota. El punto crítico será comprobar si el financiamiento externo alcanza para atravesar los vencimientos más exigentes hasta 2028. La agencia también espera señales de sostenibilidad fiscal, continuidad política y consolidación de las fuentes de divisas.

Diron remarcó que el riesgo de default cayó de manera importante y que ese cambio ya fue incorporado al análisis de Moody’s. Para avanzar hacia niveles más altos, la calificadora quiere observar más consistencia en el tiempo. Hasta entonces, la deuda argentina seguirá bajo monitoreo, con avances reconocidos, pero sin una mejora inmediata en la calificación soberana.