Jalen Duren decidió modificar de raíz su alimentación y ese cambio empezó a verse tanto en su físico como en su rendimiento dentro de la NBA. El pivote de los Detroit Pistons dejó atrás los dulces, adoptó una rutina estricta supervisada por especialistas y convirtió a la fruta, en especial las uvas, en una pieza central de su día a día.

La transformación no fue improvisada ni respondió a una moda pasajera. Según contó en una entrevista con GQ, el giro empezó hace aproximadamente un año, cuando resolvió eliminar por completo el azúcar procesado y reorganizar su dieta con el acompañamiento de su chef personal y del nutricionista del equipo. Desde entonces, su alimentación quedó atada a una lógica de disciplina, control y recuperación física.

El alimento que se volvió símbolo de su rutina

Dentro de ese nuevo esquema, hay un detalle que terminó llamando la atención: Duren consume medio kilo de uvas frescas por día. No se trata de una cábala ni de un gesto aislado, sino de una parte estable de su plan alimentario, pensada como fuente de energía entre comidas y durante entrenamientos.

El jugador explicó que eligió esa fruta, entre otras, porque le resultó práctica y fácil de incorporar a su nueva rutina. También sumó fresas y piña como reemplazo de las golosinas que antes ocupaban un lugar habitual en su alimentación. La clave, según su propio relato, fue reemplazar una dependencia por otra, pero en un sentido completamente distinto: dejar los productos ultraprocesados y acostumbrar el cuerpo a otro tipo de estímulos.

El mayor desafío fue dejar los dulces

Duren admitió que la eliminación del azúcar fue la parte más difícil del proceso. Antes de cambiar de hábitos, tenía una marcada preferencia por las golosinas y los productos dulces. Por eso, el punto de partida no fue menor: implicó correrse de algo que formaba parte de su rutina cotidiana.

Con el tiempo, asegura que dejó de sentir esa atracción y que ahora su paladar se acomodó a otra lógica. Ese cambio se apoyó en una planificación más amplia, donde no solo importó qué comía, sino también cuánto y cómo. En el arranque, redujo el tamaño de las porciones, reforzó la presencia de proteínas y vegetales, quitó temporalmente los carbohidratos y luego los reincorporó de manera gradual según la exigencia física de la temporada.

Un plan armado con profesionales

La base del cambio estuvo en el trabajo conjunto entre Duren, su chef personal y el nutricionista de los Pistons. El jugador contó que ese vínculo viene de hace dos años y que ambos profesionales coordinan de manera directa cada aspecto de su menú. El objetivo es mantener bajo control la energía, la recuperación y la calidad de lo que consume.

Ese seguimiento también se refleja en detalles concretos. El desayuno habitual del pivote incluye huevos, panceta vacuna, salchichas de pollo, papas y un batido especialmente pensado para la recuperación. La preparación combina leche de almendras, jugo de naranja, proteína sin agregados, colágeno, creatina, fresas y una pequeña cantidad de miel. Todo responde a una planificación precisa, sin improvisación.

Más que una dieta, una forma de competir

Para Duren, esta transformación no se limita a una cuestión estética ni a bajar de peso. La asocia directamente con su capacidad para sostener la exigencia de la NBA, una competencia donde el cuerpo queda sometido a una presión constante. En ese punto, remarca que comer mejor se convirtió en una herramienta para rendir, recuperarse y mantenerse enfocado.

También señaló que su paso por Europa lo ayudó a mirar la alimentación de otra manera. Allí notó diferencias importantes en la calidad de los alimentos y en el tamaño de las porciones respecto de Estados Unidos, algo que reforzó su decisión de cuidar más de cerca cada detalle de su nutrición.

La disciplina que también se juega fuera de la cancha

El cambio de Duren no se explica solo por lo que pone en el plato. También aparece vinculado con una idea de compromiso mucho más amplia, que incluye descanso, entrenamiento y renuncias personales para sostener el nivel competitivo.

El pivote reconoce que esa disciplina exige sacrificios, desde pasar menos tiempo con la familia hasta resignar actividades sociales para priorizar la recuperación. Pero lejos de verlo como una carga, lo presenta como parte del camino para desarrollarse en el deporte profesional. En esa lógica, el mensaje que deja es claro: el cuerpo no se cuida solo para jugar mejor un partido, sino para construir una carrera más larga y más consistente.