La Unión Europea teme un rebrote inflacionario por la guerra en Medio Oriente
La Unión Europea advirtió que la escalada de la guerra en Medio Oriente puede volver a presionar sobre los precios y complicar su panorama económico. El bloque evalúa que la inflación podría ubicarse por encima del 3% si el petróleo Brent se mantiene cerca de los 100 dólares por barril y si el gas continúa caro durante un período prolongado. En ese escenario, además, el crecimiento previsto para 2026 sufriría un nuevo recorte.
La advertencia fue transmitida por el comisario europeo de Economía, Valdis Dombrovskis, durante una reunión con los ministros de Finanzas de la Unión Europea. Según el análisis expuesto en ese encuentro, el conflicto no solo impacta sobre la energía, sino también sobre variables más amplias de la economía, como el comercio, los mercados financieros y las cadenas de suministro. Eso empuja al bloque a revisar un escenario que, hasta antes de la nueva escalada, mostraba señales algo más favorables.
Un escenario con más inflación y menos crecimiento
La Comisión Europea evaluó un cuadro en el que el precio del gas en Europa se mantendría alrededor de los 75 euros por megavatio hora durante el resto del año. Con ese supuesto, la inflación sería entre 0,7 y 1 punto porcentual más alta que la proyección previa para 2026, que se ubicaba en 2,1%. De concretarse, el índice superaría la barrera del 3% y volvería a poner bajo presión la estrategia monetaria del bloque.
El mismo escenario contempla una desaceleración del crecimiento económico. La proyección que la Unión Europea había trazado a fines del año pasado marcaba una expansión del 1,4% para 2026, pero ahora se estima que podría quedar hasta 0,4 puntos porcentuales por debajo de ese nivel. La combinación entre energía más cara, menor actividad y mayor inflación reaviva así el temor a un shock económico más amplio.
El BCE sigue de cerca la evolución del conflicto
Una aceleración inflacionaria de esta magnitud podría condicionar las próximas decisiones del Banco Central Europeo. En los mercados ya crecieron las apuestas sobre una eventual suba de tasas durante este año, aunque no se espera un aumento en la reunión prevista para el 19 de marzo. De todos modos, la evolución del conflicto pasó a ocupar un lugar central en el análisis de la autoridad monetaria.
Dentro del BCE ya admiten que la nueva proyección de marzo incorporará parte de este deterioro. Isabel Schnabel, una de las principales responsables de política monetaria de la entidad, señaló que el informe reflejará al menos parcialmente el efecto de la guerra. Aunque la expectativa de mediano plazo sigue alineada con una inflación del 2%, la incertidumbre actual alteró los cálculos previos.
La energía volvió al centro de la escena
El deterioro del cuadro económico europeo está directamente ligado al nuevo salto de los precios energéticos. Desde el inicio de la guerra, el gas en Europa mostró fuertes oscilaciones y llegó a tocar los 70 euros por megavatio hora antes de retroceder cerca de los 50. El petróleo Brent, por su parte, se sostuvo por encima de los 90 dólares por barril, cada vez más cerca del umbral que preocupa a Bruselas.
El conflicto también afectó infraestructuras energéticas y rutas comerciales clave para el abastecimiento global. Misiles y drones impactaron instalaciones en países como Arabia Saudita y Qatar, con consecuencias sobre la producción de petróleo y de gas natural licuado. Al mismo tiempo, el tránsito de petroleros y otras mercancías por el estrecho de Ormuz, una vía estratégica para la energía mundial, quedó prácticamente paralizado.
El riesgo de un impacto más amplio
Durante la reunión con los ministros de Finanzas, Dombrovskis planteó que los indicadores venían mostrando una mejora moderada antes de la nueva escalada bélica. Incluso, las perspectivas del bloque eran algo mejores que las del otoño europeo, con un crecimiento esperado de alrededor del 1,5% este año y de 1,6% el próximo. Sin embargo, la intensificación del conflicto regional alteró ese panorama y obligó a recalcular.
El comisario sostuvo además que el impacto final dependerá de la duración, el alcance y la intensidad de la guerra. A su juicio, una ofensiva persistente contra el transporte marítimo y contra la infraestructura energética podría exponer no solo a Europa, sino a la economía mundial, a un shock estanflacionario más prolongado. Esa combinación de menor actividad y precios más altos aparece hoy como una de las mayores preocupaciones del bloque.
La respuesta internacional ante la tensión
En medio de la volatilidad energética, la Agencia Internacional de Energía acordó liberar 400 millones de barriles de reservas estratégicas de petróleo. Se trata de la mayor liberación de este tipo decidida por el organismo, en un intento por amortiguar el impacto del conflicto sobre los precios internacionales. La medida refleja hasta qué punto la tensión en Medio Oriente volvió a alterar el equilibrio del mercado global.
Para la Unión Europea, el desafío no se limita a contener un repunte inflacionario puntual. El problema de fondo es que una crisis prolongada sobre la energía puede desordenar las proyecciones económicas del bloque y sumar presión sobre el BCE en un momento delicado. Por eso, en Bruselas ya observan el conflicto no solo como un frente geopolítico, sino también como una amenaza directa para la estabilidad económica europea.