Un especialista advirtió que en Argentina más de la mitad del precio de un auto de alta gama son impuestos
El tributarista Sebastián Domínguez sostuvo que en la Argentina un auto de alta gama “paga más de la mitad de su valor en impuestos” y advirtió que, aun si se elimina el llamado impuesto al lujo, la carga tributaria sobre estos bienes seguiría entre las más altas del mundo. El análisis se dio en medio del debate en el Senado para reformar el impuesto interno que alcanza a vehículos de alta gama y también impacta sobre otros consumos como embarcaciones, aviones, telefonía y seguros.
Domínguez expuso el diagnóstico durante una entrevista en Infobae al Regreso, donde explicó que el impuesto interno, tal como se estructuró en los últimos años, funciona como un recargo que se suma a una cadena de tributos ya elevada, lo que termina inflando el precio final que paga el consumidor.
Por qué se creó y qué busca modificar el debate actual
Según el especialista, el salto del impuesto interno durante el gobierno de Cristina Kirchner tuvo un objetivo más vinculado al control cambiario que a una lógica estrictamente recaudatoria. “Cuando se aumentó fue por un tema cambiario, no por un tema impositivo. Se compraban autos de alta gama al dólar oficial y había una brecha terrible”, recordó.
Ahora, con el debate legislativo abierto, la discusión gira en torno a si conviene eliminar o reducir ese impuesto, con el argumento de que distorsiona precios, frena ventas y termina reacomodando el mercado de forma poco transparente.
El número que sintetiza el peso fiscal: “más de la mitad del valor”
Domínguez aseguró que el esquema actual implica que un auto de alta gama concentra una carga impositiva extremadamente alta desde su origen hasta el mostrador. “Un auto de alta gama en Argentina paga más de la mitad de su valor en impuestos”, remarcó.
Para ilustrarlo, planteó un caso típico: un vehículo que puede costar 120 millones de pesos. En ese escenario, sostuvo que quien lo adquiere —por ejemplo, un directivo o accionista— termina necesitando que la empresa genere alrededor de 276 millones de pesos de ganancias para afrontar el costo total, al computar IVA, impuestos internos y Ganancias. En caso de eliminarse el impuesto interno, estimó que esa necesidad bajaría, pero seguiría siendo muy elevada: “De 276 millones a 240 millones. El impuesto pasa a ser la mitad y no deja de ser alto”.
Qué podría pasar con los precios si se elimina el impuesto
En cuanto al impacto directo en los valores, Domínguez señaló que la eliminación del gravamen podría traducirse en una baja de hasta el 25% en autos de alta gama, aunque aclaró que el traslado completo al consumidor no está garantizado y dependerá de la reacción de cada sector.
Sobre el funcionamiento técnico del impuesto, explicó que se aplica “a la salida de fábrica” y que el piso actual para quedar alcanzado estaría cerca de los 74 millones de pesos. Eso, en la práctica, puede empujar un vehículo a un precio final mucho mayor en la venta al público.
Distorsiones del mercado: cuando la gama media “sube” para evitar el salto
El tributarista también describió un efecto frecuente: para no caer dentro del impuesto interno, algunos modelos quedan “planchados” cerca del umbral, mientras que otros segmentos absorben los aumentos. “Muchas veces el auto de alta gama no sube para evitar el impuesto; lo mantienen abajo del límite y aumentan más el de gama media”, explicó.
En ese marco, sostuvo que una reforma podría generar un reordenamiento de precios, incluso en segmentos no alcanzados por el tributo. Mencionó el caso de las pickups, que no tributan impuesto interno: si hoy compiten con autos de alta gama que sí lo pagan, una baja del impuesto para estos últimos podría presionar también a la baja en el resto de la oferta.
La discusión política y el argumento tributario
Consultado por el planteo de que bajar el impuesto “beneficia a los ricos”, Domínguez cuestionó esa lectura y apuntó al peso global del sistema impositivo argentino. “Ese discurso no tiene en cuenta el sistema tributario argentino. Ya se pagan muchísimos impuestos”, sostuvo, y planteó que el orden de prioridades debería vincularse con la idea de atraer inversiones y, en el largo plazo, aliviar la carga sobre el trabajo formal.
En ese punto, enumeró tributos que se acumulan sobre el precio final: IVA, internos, Ganancias, Ingresos Brutos, Bienes Personales y tasas municipales. También remarcó la incidencia de los impuestos provinciales. “Ingresos Brutos es el más distorsivo de todos. No se ve, pero está en toda la cadena y el consumidor no lo percibe porque no se discrimina en la factura”, explicó.
