Un nutriente clave acelera la regeneración de los bosques tropicales y potencia la captura de carbono
La recuperación de los bosques tropicales tras la deforestación puede duplicar su velocidad cuando el suelo cuenta con niveles adecuados de nitrógeno, un hallazgo que abre nuevas perspectivas para la restauración ecológica y la mitigación del cambio climático.
Así lo reveló un estudio internacional liderado por la University of Leeds, que analizó durante dos décadas el crecimiento de bosques secundarios en Centroamérica y concluyó que la disponibilidad de este nutriente es un factor determinante tanto para el desarrollo forestal como para la capacidad de capturar dióxido de carbono.
El mayor experimento de restauración en la región
La investigación, considerada la más amplia de su tipo, se desarrolló en 76 parcelas experimentales distribuidas en distintos puntos de Centroamérica, incluyendo la zona de Agua Salud, en Panamá. El trabajo fue coordinado por científicos de la University of Leeds junto con especialistas de Yale University, Princeton University, Cornell University, la National University of Singapore, el Smithsonian Tropical Research Institute y el Cary Institute of Ecosystem Studies, entre otros.
Durante hasta 20 años, los investigadores midieron el crecimiento, la biomasa y la mortalidad de los árboles bajo diferentes condiciones de nutrientes. El resultado fue claro: en los primeros 10 años posteriores a la deforestación, los bosques con suficiente nitrógeno se regeneraron dos veces más rápido que aquellos con suelos pobres en este elemento.
Más crecimiento, más carbono capturado
El nitrógeno no solo acelera el crecimiento de los árboles, sino que también incrementa la capacidad de los bosques tropicales para absorber carbono, una función clave frente al calentamiento global.
“El estudio demuestra que es posible acelerar la captura y el almacenamiento de gases de efecto invernadero si gestionamos correctamente los nutrientes disponibles”, explicó Wenguang Tang, autor principal de la investigación.
Según estimaciones del equipo científico, la escasez de nitrógeno podría estar limitando la captura anual de hasta 690 millones de toneladas de dióxido de carbono, una cifra comparable a las emisiones de casi dos años completos del Reino Unido.
Fertilizantes, con límites claros
Para aislar el impacto del nitrógeno, los investigadores utilizaron fertilizantes durante el experimento. Sin embargo, advirtieron que el uso intensivo de fertilizantes químicos no es una solución viable para los bosques tropicales, ya que puede aumentar las emisiones de óxido nitroso, un gas de efecto invernadero mucho más potente que el CO₂.
En cambio, el estudio recomienda estrategias ecológicas, como:
- Plantar árboles leguminosos, capaces de fijar nitrógeno de forma natural.
- Priorizar zonas cuyos suelos ya tengan niveles adecuados de nitrógeno, incluso por deposición atmosférica.
- Integrar la gestión de nutrientes dentro de planes de restauración a largo plazo.
Estas alternativas permiten acelerar la regeneración forestal sin generar impactos ambientales negativos.
Restauración y agenda climática global
El trabajo adquiere especial relevancia en el contexto internacional, tras la COP 30 celebrada en Brasil, donde se presentó el fondo Tropical Forest Forever Facility, orientado a financiar la restauración de bosques tropicales.
Desde la University of Leeds señalaron que, si estos programas incorporan criterios de manejo adecuado del nitrógeno, podrían lograrse avances significativos en la reducción de gases de efecto invernadero en los próximos años.
La investigadora Sarah Batterman destacó que estos resultados “cambian la forma en que entendemos y gestionamos los bosques tropicales como soluciones naturales frente al cambio climático”.
Restaurar sin descuidar la conservación
Pese al potencial de estas estrategias, los científicos remarcan que la protección de los bosques tropicales maduros debe seguir siendo la prioridad absoluta. La restauración basada en el manejo de nutrientes aparece como una herramienta complementaria, no como un reemplazo de la conservación.
El desafío, coinciden los autores, será integrar estas nuevas evidencias científicas con políticas de preservación activa, para garantizar que los bosques tropicales sigan cumpliendo su rol central en la mitigación del cambio climático global.
