El trigo cayó a su precio más bajo desde 2019 y crece la preocupación por la oferta de dólares del verano
El precio del trigo tocó su nivel más bajo en seis años y abrió un nuevo frente de incertidumbre para el Gobierno. La tonelada en pizarra descendió a USD 160, un valor que no se registraba desde 2019, afectado por la fuerte sobreoferta internacional y la recuperación productiva de los principales exportadores del hemisferio norte.
Para el ministro de Economía, Luis Caputo, el retroceso podría traducirse en una oferta de divisas más acotada hacia fin de año. No obstante, operadores del sector sostienen que el mayor volumen previsto para esta campaña podría compensar parte del impacto.
Una campaña récord presiona los valores
De acuerdo con el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA) y el Consejo Internacional de Cereales, la producción mundial de trigo podría alcanzar las 825 millones de toneladas en la campaña 2025/2026, un nivel histórico. “Casi todos los grandes exportadores tuvieron excelentes condiciones productivas”, explicó a Infobae el director de Estudios Económicos de la Bolsa de Comercio de Rosario, Julio Calzada.
La recuperación incluye a Francia, Alemania y Rusia, tres jugadores clave del mercado. A ello se sumó una menor demanda de China, que este año incrementó su producción local y redujo sus compras externas a 12 millones de toneladas. Esa combinación debilitó las cotizaciones del trigo argentino.
Qué implica para la oferta de dólares
La caída del precio podría complicar parcialmente la liquidación del verano. “Estamos teniendo una cosecha récord, pero eso impacta de lleno en los valores. La capacidad de pago FOB está en USD 180 y se están pagando USD 160”, señaló la operadora de granos Mariela Brandolin. Según su análisis, los exportadores estarían pagando USD 20 por debajo de lo posible debido a las condiciones del mercado.
Ante ese escenario, muchos operadores recomiendan demorar ventas cuando sea viable para estabilizar el piso de USD 160. Como referencia, citan el caso reciente de la soja, que tras tocar USD 250 rebotó en pocas semanas cuando cedió la presión de cosecha.
Un impacto acotado, según otras proyecciones
Para Javier Patiño, de RIA Consultores, el efecto sobre la oferta de divisas sería limitado. Explicó que Argentina exporta cerca de 16 millones de toneladas de trigo por campaña, de las cuales 8 millones se embarcan entre diciembre y marzo. “Si perdés USD 20 por tonelada FOB, son USD 160 millones. No es tanto si se compara con otros complejos”, evaluó.
En sus estimaciones, una exportación de 8 millones de toneladas a USD 209 FOB generaría unos USD 1.600 millones durante el verano. “Es poco frente a la soja: solo en harina se exportan 25 millones de toneladas”, agregó.
Un frente delicado para las reservas
El eventual golpe ocurre en un contexto complejo para las reservas del Banco Central, que permanecen alrededor de los USD 40.000 millones. A esto se suma la limitación del Tesoro para intervenir en el mercado por falta de disponibilidad de pesos frente a vencimientos y compromisos fiscales.
Embarques rumbo a un récord en noviembre
En paralelo, la alta competitividad del trigo argentino impulsó un fuerte flujo exportador en noviembre. Según la Bolsa de Comercio de Rosario, ingresaron casi 500.000 toneladas a puertos en la última semana, un 25% más que en 2021, año de una de las mejores campañas recientes.
En lo que va del mes ya se embarcaron 516.000 toneladas y restan programadas casi 900.000 más. De concretarse, noviembre podría cerrar con más de 1,1 millones de toneladas embarcadas, lo que marcaría un récord histórico para ese período.
Competencia global y efecto en el precio local
Patiño explicó que la ventana de competitividad argentina es breve debido al ciclo productivo del hemisferio norte. “La exportación aprovecha ahora porque después tenés que competir con Canadá, Estados Unidos, Ucrania y Rusia”, señaló.
Además, el trigo argentino debe competir en mercados del sudeste asiático, donde la proximidad geográfica favorece a Australia. Para ganar espacio, el precio argentino debe igualar o mejorar la oferta australiana. “Ese margen se absorbe del precio pagado al productor”, precisó.