Solsticio de invierno 2025: el 20 de junio fue el día más corto del año
En la noche del viernes 20 de junio, el hemisferio sur vivirá el solsticio de invierno, un fenómeno astronómico que marca el inicio oficial de la estación más fría y reduce al mínimo la presencia de luz solar durante el día.
Según el Servicio de Hidrografía Naval, el evento tendrá lugar exactamente a las 23:42 hora argentina, cuando el Sol alcance su punto más bajo en el cielo. Esta configuración se traduce en la noche más larga del año y en un marcado descenso en la duración del día.
El solsticio de invierno no solo da comienzo al invierno astronómico, sino que también representa el momento en que el hemisferio sur queda más inclinado respecto al Sol. Esta inclinación —de 23,44 grados respecto al plano orbital— es la responsable de la sucesión de estaciones.
«Si la Tierra no estuviera inclinada, el Sol brillaría siempre sobre el ecuador, eliminando por completo las estaciones y los solsticios», explica la NASA.
Aunque se produce cada año, la fecha y la hora del solsticio varían ligeramente. Esto se debe a la diferencia entre el calendario civil y el tiempo astronómico real, conocido como año trópico. Mientras el calendario gregoriano se ajusta a 365 días, la órbita terrestre requiere 365 días, 5 horas y 49 minutos, lo que obliga a aplicar correcciones periódicas como los años bisiestos.
Qué es el solsticio y cómo se percibe desde el sur
La palabra «solsticio» proviene del latín solstitium, que puede traducirse como «Sol quieto». El término hace alusión a la aparente pausa que experimenta el movimiento solar en el cielo durante este evento.
En junio, el Sol incide de forma perpendicular sobre el Trópico de Cáncer, otorgando al hemisferio norte su día más largo. En contrapartida, en el hemisferio sur se registra la jornada con menor cantidad de luz. En ciudades como Buenos Aires, Santiago de Chile o Montevideo, se podrá percibir un recorrido más bajo del Sol en el firmamento y una notable reducción en la cantidad de horas diurnas.
Los solsticios fueron observados desde tiempos remotos. En distintas civilizaciones antiguas se los vinculó con rituales agrícolas, celebraciones religiosas y cambios de ciclo. Ejemplos como el Inti Raymi en los Andes o el We Tripantu en el sur de Chile y Argentina dan cuenta de esta conexión ancestral.
Actualmente, los científicos prefieren hablar de «solsticio de junio» o «solsticio de diciembre», evitando los términos estacionales que dependen del hemisferio. Sin embargo, en la cultura popular, el concepto de «invierno» permanece arraigado.
Qué cambia después del solsticio
El día más corto del año también implica un punto de inflexión. Desde el 20 de junio, los días comenzarán a alargarse de manera progresiva, sumando algunos minutos de luz cada jornada hasta alcanzar su punto opuesto en diciembre, con el solsticio de verano.
Durante los solsticios, el desplazamiento del Sol en el cielo parece detenerse. Los analemas —gráficos que muestran la posición solar a la misma hora durante el año— reflejan esa aparente quietud con curvas alargadas en forma de ocho. En los días cercanos al solsticio, las variaciones entre una jornada y otra son mínimas.
Una herramienta clave para la ciencia y la planificación
Además de su valor simbólico y cultural, el solsticio tiene importancia técnica. Permite afinar el calendario, estudiar las variaciones climáticas y proyectar el comportamiento estacional. A pesar de la tecnología, el cielo continúa marcando el ritmo del planeta.
El invierno en el hemisferio sur se extenderá hasta el 22 de septiembre, fecha en la que ocurrirá el equinoccio de primavera. A partir de entonces, el día y la noche volverán a igualarse, cerrando un nuevo ciclo solar.
En un mundo en constante cambio, el regreso cíclico del solsticio recuerda que aún existen estructuras que se mantienen firmes: la inclinación de la Tierra, el paso de las estaciones y la certeza de que, tras cada noche larga, el día volverá a ganar espacio.
