La guerra de aranceles desatada por Donald Trump afecta severamente a la soja y el petróleo argentino
La reciente decisión de Donald Trump de aplicar un arancel del 10% a todas las exportaciones provenientes de América del Sur, incluida la Argentina, reactivó las tensiones en el comercio global y dejó al descubierto la vulnerabilidad del país frente a los vaivenes internacionales. Aunque el presidente Javier Milei viajó a Miami para reforzar vínculos con el republicano y buscar revertir la medida, la situación económica global ya muestra sus primeros efectos negativos sobre los sectores estratégicos nacionales: la soja y el petróleo.
La medida adoptada por Trump sacudió los mercados globales y profundizó la incertidumbre económica. En el caso de Argentina, si bien el impacto directo de los aranceles sobre las exportaciones al mercado norteamericano —valuadas en poco más de USD 6.400 millones en 2024— podría representar una pérdida de hasta USD 630 millones, el verdadero golpe llega por otro lado: la caída en los precios internacionales de los commodities.
Tras el anuncio, el barril de petróleo retrocedió un 7% y se ubicó en su nivel más bajo desde la pandemia, mientras que la soja cayó otro 3%. El temor a una recesión global, que llevó a JP Morgan a elevar su pronóstico del 40 al 60%, empeora aún más el panorama para los países productores de materias primas como la Argentina.
Dólares en juego y presión sobre las reservas
La baja en los valores de exportación genera un impacto directo en el ingreso de divisas y, por ende, en la capacidad del país de sostener su balanza comercial superavitaria. La liquidación de la cosecha de soja ya se ve afectada, y lo mismo podría ocurrir en el segundo semestre con las exportaciones de energía, justo cuando se espera una mejora sostenida en ese rubro.
Además, la caída global de las monedas de países emergentes —como Brasil, Colombia, Chile o Sudáfrica— pone más presión sobre el tipo de cambio argentino. Una devaluación regional podría arrastrar al peso, dificultando la estabilidad cambiaria y complicando aún más el acceso a los mercados internacionales de financiamiento.
La relación con Estados Unidos, en prueba
A pesar del gesto político de Milei, que viajó especialmente para recibir un premio en Mar-a-Lago, Trump evitó reunirse con el mandatario argentino. Tampoco hubo señales de que los aranceles vayan a ser revisados en el corto plazo. Mauricio Claver Carone, exfuncionario del gobierno republicano, incluso condicionó el apoyo norteamericano al acuerdo con el FMI: «No queremos que se use para sostener el swap con China», advirtió.
En este contexto, crecen las dudas sobre la prioridad que tiene la Argentina en la agenda de Washington. El caso de Israel —que pese a ser un aliado estratégico recibió una barrera del 17%— y el de empresas como Nike, afectadas con aranceles de hasta el 46% por operar en Vietnam, muestran que el nuevo proteccionismo norteamericano no distingue amigos ni socios comerciales.
Riesgos financieros y expectativas frente al FMI
El endurecimiento del panorama externo también se reflejó en la economía financiera argentina. El riesgo país volvió a superar los 900 puntos y los bonos en dólares retrocedieron, alejando la posibilidad de volver a los mercados voluntarios. Ante este escenario, el acuerdo con el Fondo Monetario Internacional cobra aún más importancia. Si se confirma un desembolso mayor a los USD 8.000 millones anticipados, podría ofrecer algo de alivio a corto plazo.
Mientras tanto, el Gobierno mantiene su hoja de ruta basada en el orden fiscal, el superávit primario y la acumulación de reservas, aunque el contexto internacional desafía esos objetivos. Las próximas semanas serán clave para observar si la estrategia diplomática y económica logra contener los efectos de una guerra comercial que recién comienza.
