Lionel Messi transciende el fútbol mundial, pero todavía es un misterio para gran parte de la MLS
La figura de Lionel Messi es ineludible. Su impacto en la Major League Soccer (MLS) trasciende el deporte y se proyecta en todas las plataformas posibles: su rostro adorna carteles publicitarios, protagoniza campañas de marketing y es el centro de la estrategia comercial de la liga. En la antesala de una nueva temporada, su presencia es la gran atracción del fútbol en Estados Unidos, un fenómeno que la MLS ha sabido capitalizar al máximo.
Sin embargo, más allá del furor mediático y el furibundo interés comercial que despierta, Messi sigue siendo un enigma para gran parte de la MLS y su público. No concede entrevistas, evita la prensa y se mantiene al margen de la narrativa que rodea al deporte en Estados Unidos, donde los grandes atletas suelen construir su leyenda a través de su carisma y cercanía con la audiencia.
La paradoja es evidente: mientras su imagen está en todos lados, su voz y personalidad permanecen inaccesibles. La MLS ha logrado algo impensado al contar con la presencia del mejor jugador del mundo, pero sigue sin encontrar la forma de integrarlo plenamente a la cultura deportiva estadounidense.
Un fenómeno sin precedentes que desafía las reglas de la MLS
Desde su llegada al Inter Miami, Messi ha cambiado las reglas del juego dentro de la liga. Su impacto ha sido tan grande que el calendario de la MLS ha sido ajustado para maximizar su exposición: 12 de los 34 partidos de su equipo serán transmitidos en horarios exclusivos, garantizando que su presencia no compita con otros encuentros.
Las entradas para sus partidos fuera de casa se venden a precios exorbitantes, con aficionados dispuestos a pagar cifras descomunales solo para verlo en acción. Incluso en encuentros en los que su participación no está asegurada, la expectativa genera un fenómeno pocas veces visto en el fútbol estadounidense.
Sin embargo, su exclusividad también se ha convertido en una barrera para su integración. La MLS ha apostado por un modelo cerrado de distribución televisiva, donde los partidos de Messi solo pueden verse a través de Apple TV+.
Esto contrasta con el enfoque abierto que ayudó a popularizar otras disciplinas en Estados Unidos, donde las grandes figuras deportivas han utilizado los medios para consolidar su estatus de ídolos. Messi, en cambio, ha optado por una ruta distinta: el silencio mediático y la distancia con la prensa.
Una estrella que no se adapta al modelo estadounidense
A diferencia de los jugadores de la NBA, la NFL o la MLB, que están acostumbrados a una dinámica de exposición constante, Messi ha seguido el esquema europeo, donde los futbolistas limitan al máximo su contacto con los medios. En Estados Unidos, la interacción con la prensa y el público es vista como parte del espectáculo, pero el astro argentino ha decidido construir su legado exclusivamente en la cancha.
Desde agosto de 2023, no ha dado conferencias de prensa ni entrevistas. Su única aparición mediática ha sido en eventos cuidadosamente seleccionados y en entornos controlados. No participa en campañas publicitarias más allá de aquellas ligadas a sus patrocinadores directos y no busca activamente proyectar su imagen fuera del campo de juego.
Esta postura contrasta con la de figuras como Pelé y David Beckham, quienes, en su paso por el fútbol estadounidense, se convirtieron en embajadores del deporte. Pelé fue un ícono de relaciones públicas, promoviendo el «soccer» en una época en la que el deporte tenía escasa popularidad en el país. Beckham, por su parte, utilizó su carisma y estatus de celebridad para atraer nuevas audiencias a la MLS.
Messi, en cambio, ha preferido mantenerse en su burbuja. Una estrategia que, si bien no afecta su impacto en la cancha, sí limita el potencial de crecimiento del fútbol en Estados Unidos.
Talento inigualable en una liga que aún se adapta a su presencia
Más allá de su hermetismo, no hay dudas sobre su compromiso con el Inter Miami. Messi no ha llegado a la MLS en un rol de semirretiro, como muchos escépticos temían. Su intensidad dentro del campo y su liderazgo en el equipo han sido incuestionables.
El Inter Miami ha experimentado un cambio radical desde su llegada. Pasó de ser un equipo sin trascendencia a convertirse en el epicentro del fútbol estadounidense. Su influencia ha elevado el nivel de la liga, atrayendo la atención internacional y obligando a otros clubes a mejorar su infraestructura y proyectos deportivos.
Sin embargo, su impacto también ha sido desigual. El Inter Miami planea la construcción de un nuevo estadio, y el equipo sigue jugando en un recinto modesto de 21.500 espectadores en Fort Lauderdale. Es decir, muy lejos del glamour que se espera para el hogar de la máxima estrella de la liga y mejor jugador de la historia.
El contraste entre la envergadura de Messi y la realidad de la MLS sigue siendo un desafío. La liga ha crecido significativamente en los últimos años, pero aún enfrenta dificultades estructurales que limitan su desarrollo.