El uso de auriculares se volvió parte de la rutina diaria para escuchar música, seguir podcasts, estudiar, trabajar o hablar por teléfono. Sin embargo, especialistas advierten que el volumen alto y la exposición prolongada pueden afectar estructuras sensibles del oído interno y provocar pérdida auditiva irreversible.

Una de las pautas más citadas para reducir ese riesgo es la llamada regla 60/60, recomendada por la Clínica Cleveland. La estrategia consiste en usar los auriculares al 60% del volumen máximo durante no más de 60 minutos seguidos, con pausas de al menos 10 o 15 minutos antes de volver a utilizarlos.

La recomendación apunta a evitar que el oído permanezca demasiado tiempo expuesto a una intensidad elevada de sonido. Aunque muchas personas asocian el daño auditivo con ruidos extremos, los especialistas remarcan que el uso cotidiano de auriculares también puede generar problemas si se combina volumen alto con muchas horas de escucha.

Por qué el volumen importa

El daño se produce principalmente en las células ciliadas del oído interno, encargadas de transformar las vibraciones sonoras en señales que el cerebro puede interpretar. Cuando esas células se lesionan, no se regeneran. Por eso, la pérdida auditiva causada por exposición sonora puede volverse permanente.

La Universidad de Utah advierte que algunos dispositivos portátiles pueden alcanzar hasta 120 dBA, un nivel comparable al de un concierto de rock. A esa intensidad, el daño puede producirse en muy poco tiempo. Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades ubican el límite seguro general alrededor de los 85 dB.

El exceso de sonido también puede afectar la conexión entre las células ciliadas y las células nerviosas, según explican especialistas de Harvard. Esto puede derivar en zumbidos, dificultad para seguir conversaciones o necesidad de subir cada vez más el volumen de otros dispositivos.

Qué dicen los especialistas

La Clínica Cleveland, Harvard y la Universidad de Utah coinciden en que el uso de auriculares no tiene por qué ser dañino si se respetan límites de volumen y tiempo. El problema aparece cuando el sonido se mantiene demasiado alto durante períodos prolongados.

Un estudio publicado en Cureus en 2025, realizado entre estudiantes de medicina, detectó que quienes escuchaban música a más del 80% del volumen durante más de cuatro horas diarias presentaban más síntomas auditivos. Entre ellos aparecieron dolor de oído, intolerancia a sonidos fuertes y señales tempranas de pérdida auditiva sensorineural.

Otra investigación de la misma revista analizó a adultos jóvenes usuarios de auriculares y halló una alta presencia de pérdida auditiva subclínica, asociada al uso prolongado y a volúmenes elevados. También se reportaron molestias, infecciones y dificultades de atención.

Cómo escuchar con menos riesgo

Los especialistas recomiendan mantener el volumen en un nivel cómodo, sin necesidad de subirlo para tapar el ruido ambiente. Como referencia, el 60% del volumen máximo suele ubicarse dentro de un rango más seguro para la mayoría de los dispositivos.

También aconsejan evitar el uso continuo durante muchas horas. Las pausas ayudan no solo a reducir la exposición al sonido, sino también a ventilar el conducto auditivo. El uso prolongado de auriculares puede favorecer la acumulación de humedad y aumentar el riesgo de molestias o infecciones.

Otro punto clave es el entorno. En lugares muy ruidosos, muchas personas suben el volumen para compensar el ruido externo. Por eso, los expertos sugieren elegir auriculares con buen aislamiento o cancelación de ruido, siempre que eso permita escuchar a menor volumen y no a mayor intensidad.

Señales para prestar atención

Zumbidos, sensación de oído tapado, dolor, intolerancia a sonidos intensos o dificultad para entender conversaciones pueden ser señales de sobreexposición al ruido. Si aparecen con frecuencia, conviene reducir el uso de auriculares y consultar a un especialista.

La regla 60/60 no elimina por completo todos los riesgos, pero funciona como una guía simple para usar auriculares de forma más segura. Mantener el volumen bajo, hacer pausas y evitar sesiones largas son medidas básicas para cuidar la audición antes de que aparezcan daños difíciles de revertir.