Estados Unidos elevó su presión sobre el gobierno de Nicolás Maduro mediante un conjunto de acciones militares, de inteligencia y diplomáticas. Según fuentes con acceso a las deliberaciones oficiales, Donald Trump aprobó nuevas operaciones encubiertas de la CIA dentro de Venezuela, en paralelo al despliegue del portaaviones USS Gerald R. Ford y un contingente de 15.000 efectivos en el Caribe.

Al mismo tiempo, la Casa Blanca reactivó canales de comunicación indirectos con Caracas. En esas conversaciones, Maduro habría ofrecido alternativas que incluían acceso preferencial al petróleo venezolano o incluso una salida del poder tras un período de transición de dos a tres años, propuesta rechazada por Estados Unidos.

Un escenario militar en tensión

El Pentágono trabaja sobre un abanico de planes militares que se apoyan en el actual despliegue naval. Las alternativas incluyen ataques selectivos contra instalaciones vinculadas al tráfico de drogas y posibles golpes contra unidades militares cercanas al entorno de Maduro. Hasta ahora, Trump no autorizó el ingreso de tropas terrestres, aunque analistas señalan que las operaciones encubiertas podrían ser el paso previo a un escenario más amplio.

Los funcionarios involucrados describen un menú de acciones que va desde el sabotaje hasta operaciones cibernéticas o psicológicas. La Casa Blanca y la CIA se negaron a comentar públicamente sobre estas autorizaciones.

Negociaciones discretas y ofertas desde Caracas

Pese a la escalada militar, Trump habilitó una nueva ronda de conversaciones informales con representantes venezolanos. En ese marco, Maduro habría mostrado disposición a ofrecer beneficios petroleros a empresas estadounidenses y, en un segundo nivel, su propia renuncia sujeta a un plazo que Washington considera inaceptable.

El presidente estadounidense reconoció indirectamente la existencia de esos diálogos. “Es posible que mantengamos conversaciones con Maduro”, dijo el domingo, aunque en público insiste en que su objetivo principal es detener el flujo de drogas hacia Estados Unidos.

La dimensión energética, sin embargo, pesa en el debate interno. Trump ha mencionado en privado la importancia de que compañías estadounidenses accedan a las reservas petroleras venezolanas, una de las mayores del mundo.

La operación “Lanza del Sur”

El despliegue naval actual es el más grande en el Caribe desde la crisis de los misiles en Cuba. Además del portaaviones, la región cuenta con infantes de marina en buques anfibios y fuerzas destacadas en bases de Puerto Rico, configurando una presencia que busca presionar políticamente y mantener abiertas diversas opciones de acción.

Funcionarios del Departamento de Estado confirmaron que, desde el 24 de noviembre, Estados Unidos designará al Cartel de los Soles como organización terrorista. Aunque no se trata de un cartel convencional, la medida permite etiquetar a una parte del aparato militar venezolano como actor terrorista, facilitando mecanismos de sanción y justificando potenciales intervenciones.

Ataques navales y controversias legales

Estados Unidos ya lanzó 21 ataques contra embarcaciones sospechadas de narcotráfico, con un saldo de al menos 83 muertos. Trump sostiene que existen informes de inteligencia que justifican estas acciones, aunque el gobierno no ha mostrado pruebas concluyentes.

Los ataques fueron ejecutados sin autorización del Congreso, lo que generó críticas de expertos legales y legisladores demócratas. A puerta cerrada, funcionarios militares admitieron que los barcos transportaban cocaína, no fentanilo, contradiciendo declaraciones públicas previa del mandatario.