Estados Unidos y China avanzan con estrategias distintas frente al abastecimiento de carne y proteínas. Mientras Washington busca ampliar las importaciones para contener una oferta interna ajustada y precios elevados, Beijing apunta a reducir gradualmente su dependencia de productos agroalimentarios provenientes del exterior. En ambos casos, las decisiones responden a cambios en el consumo, la producción y la seguridad alimentaria. Para países exportadores como Argentina y Brasil, esas políticas abren oportunidades, pero también plantean desafíos de mediano plazo.

En Estados Unidos, el presidente Donald Trump firmó una serie de órdenes ejecutivas destinadas a respaldar a los productores ganaderos en un contexto de menor disponibilidad de hacienda. El stock bovino atraviesa uno de sus niveles más reducidos de las últimas décadas, mientras la demanda de carne aumentó durante los últimos años. Esa combinación impulsó los precios y obligó a buscar alternativas para reforzar la oferta.

En el mercado estadounidense, la carne vacuna llega a comercializarse en algunos segmentos entre US$6 y US$8 por libra. En restaurantes especializados, los valores pueden alcanzar los US$10,5 por libra. La carne argentina participa especialmente en los segmentos de mayor calidad y precio.

Trump también cuestionó el nivel de concentración de la industria procesadora estadounidense. Entre las compañías de mayor peso aparecen JBS y National Beef. En ese contexto, el mandatario señaló a Brasil y Argentina entre los países que podrían beneficiarse de una mayor demanda importadora de carnes de calidad.

Argentina ya dispone de un cupo propio para ingresar carne bovina al mercado estadounidense. Brasil, por su parte, busca ampliar su participación mediante mayores ventas y el aprovechamiento de nuevas oportunidades comerciales. La escasez interna estadounidense podría sostener ese interés mientras la producción local no recupere volumen.

China busca depender menos de las importaciones

La estrategia china apunta en una dirección diferente. Beijing busca aumentar su producción interna y reducir de manera gradual la necesidad de importar alimentos. Esa política forma parte de un objetivo más amplio de seguridad alimentaria y menor exposición frente a conflictos internacionales o problemas en las cadenas de suministro.

El movimiento ya aparece en algunos flujos comerciales. Los embarques de carne bovina brasileña destinados a China cayeron a 16.800 toneladas en agosto, muy por debajo de las 158.600 toneladas registradas en el mismo mes de 2025. Pese a esa reducción, el gigante asiático continúa siendo uno de los principales compradores de carne de Brasil.

Durante 2025, China adquirió alrededor de 899.200 toneladas de carne bovina brasileña. La magnitud de ese mercado sigue siendo relevante para Sudamérica, aunque el objetivo chino es disminuir paulatinamente su dependencia de proveedores externos. El ritmo de ese proceso dependerá de la capacidad de mejorar su propia producción ganadera.

Beijing también busca elevar la calidad de su carne bovina mediante mejoras genéticas y productivas. El objetivo planteado es avanzar hacia un mayor equilibrio entre importaciones y exportaciones durante la próxima década. Para lograrlo, necesitará aumentar tanto el volumen como la competitividad de su producción local.

La apuesta china por las proteínas alternativas

Otro de los ejes de largo plazo es el desarrollo de proteínas alternativas y productos de origen vegetal. China pretende que una parte creciente de su mercado interno pueda abastecerse mediante este tipo de alimentos. El desafío está en alcanzar niveles de calidad, sabor y precio capaces de competir con la carne tradicional.

La estrategia requiere inversiones tecnológicas y un proceso de desarrollo que podría extenderse durante varias décadas. La posibilidad de que estos productos ganen una participación significativa hacia 2050 todavía depende de avances productivos y de la aceptación de los consumidores.

Las políticas de Estados Unidos y China muestran así dos respuestas diferentes frente al mismo desafío: garantizar suficiente oferta de proteínas para sus mercados internos. Washington recurre a una mayor apertura importadora para enfrentar restricciones de producción, mientras Beijing apuesta a reducir su dependencia externa a través de mayor producción doméstica y nuevas fuentes alimentarias.

Para Argentina y Brasil, el escenario combina oportunidades inmediatas en Estados Unidos con un panorama más incierto en China. El resultado dependerá de la evolución de la demanda, la competitividad de las exportaciones sudamericanas y la velocidad con la que el gigante asiático consiga avanzar hacia una mayor autosuficiencia.