La recuperación de la actividad económica luego de la pandemia (+10,4% en 2021; y +5,2% en 2022), tuvo muchas aristas. Lamentablemente, fue acompañada con el avance del empleo no registrado, salarios más bajos, y del ‘cuentapropismo’ informal. Lo que se ha traducido en una mayor precariedad laboral e índices de pobreza, incluso entre los ocupados y registrados.

En 2022, los puestos laborales avanzaron el 5,8%, y los de los asalariados no registrados avanzaron más del doble. Sumaron, a fines del año pasado, el récord de 5.613.000, una suba del 12,9%, equivalente a 641.000 puestos laborales. El dato fue revelado por el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC).

Además, hay 5.720.000 puestos de trabajos independientes, en una alta proporción precarios e informales, y 3.690.000 en el sector público. En total, son 22.365.000 puestos de trabajo versus 21.130.000 de un año atrás. Son 1.235.000 puestos laborales más, de los cuales poco más de la mitad son asalariados informales.

Los datos oficiales marcan el fuerte avance de la precarización laboral. Y, unido al deterioro de los salarios, representan una baja del costo laboral de lo que se infiere que la recuperación de la economía. Es decir, que fue incentivada por el empobrecimiento de la fuerza de trabajo, tanto registrada como no registrada. Estos carecen de obra social, tienen salarios más bajos, no tienen cobertura por accidentes de trabajo y no tienen derecho a los beneficios de jubilación y pensión de la Seguridad Social.