El multimillonario estadounidense Peter Thiel, fundador de PayPal y referente del universo tecnológico libertario, participó de torneos abiertos en el Círculo de Ajedrez Torre Blanca, un club de barrio ubicado en Sánchez de Bustamante 587, en Almagro. Pagó una inscripción de $3.000, jugó varias partidas rápidas, obtuvo una medalla y hasta recibió un cántico político durante una premiación.

La escena tuvo un contraste llamativo. Thiel, cuya fortuna fue estimada en 29.000 millones de dólares por Forbes, llegó a un espacio austero, con mesas de madera, ventiladores de techo, banderines y fotos de figuras del ajedrez. Antes de jugar, preguntó el valor de la inscripción, pagó con dos billetes de $2.000 y recibió los $1.000 de vuelto.

El empresario se instaló durante un tiempo en la Argentina junto a su familia para seguir de cerca el proceso político iniciado por Javier Milei, con quien también mantuvo una reunión en la Casa Rosada. Además, según el relato, compró una mansión en Barrio Parque, viajó a Bariloche y adquirió terrenos en Maldonado, Uruguay.

Un multimillonario en un club de barrio

La primera visita registrada al club fue en mayo de 2026, cuando Thiel participó del torneo «Rápido» de Torre Blanca. La competencia reunió a 36 jugadores de distintas edades y niveles, entre chicos, profesores, traductores, contadores, actores y aficionados.

El torneo fue ganado por Daniel Aguilar, mientras que Rafael Jabie quedó segundo y Thiel terminó tercero. El empresario había llegado como favorito por su puntaje Elo de 2.199 puntos, otorgado por la Federación Internacional de Ajedrez.

Durante la jornada disputó siete rondas, con cinco victorias y dos derrotas. Venció a Julia Mocca, Tomás Maidana, Julián Doregger, Francisco González D’amico y Pablo Mocca, pero perdió ante David Kimura y Daniel Aguilar.

El canto de «la patria no se vende»

La visita no pasó desapercibida entre algunos socios del club. Según relataron asistentes, durante la entrega de premios hubo quienes le cantaron «no se vende, la patria no se vende», en alusión a su cercanía ideológica con el gobierno libertario y su interés por la experiencia argentina.

De todos modos, el cántico fue casi inaudible y Thiel no habría llegado a advertirlo. En el club, según quienes lo vieron jugar, se comportó como un participante más. Incluso se sumó al festejo de cumpleaños de uno de los maestros de Torre Blanca, aunque no comió nada de lo que ofrecía el lugar.

Rafael Jabie, psicólogo, maestro y árbitro de ajedrez, contó que pocos lo reconocieron al principio. Uno de sus alumnos fue quien advirtió que el jugador extranjero era Peter Thiel, una de las figuras más influyentes de la industria tecnológica estadounidense.

Su vínculo con el ajedrez

La relación de Thiel con el ajedrez no es nueva. Empezó a jugar a los seis años y llegó a destacarse en Estados Unidos en la categoría Sub 21. Entre sus recursos preferidos aparecen la defensa siciliana y el gambito de dama, dos sistemas clásicos del juego competitivo.

El exsocio de Elon Musk también trasladó conceptos del ajedrez a su mirada empresarial. En conferencias, comparó el valor relativo de las piezas con la gestión del talento dentro de una compañía y sostuvo que, tanto en el tablero como en los negocios, es clave entender las fases del juego y sostener un plan en el tiempo.

Después de aquella primera participación, Thiel volvió a jugar en el club. En una de las visitas posteriores tuvo un bajo rendimiento, se enojó y abandonó el torneo tras sumar 1,5 puntos en cuatro partidas. En otra jornada mejoró su desempeño, ganó cinco de siete partidas y terminó quinto.

Por qué eligió Torre Blanca

La presencia de Thiel en un club de barrio llamó la atención por la escala de su fortuna y por su perfil internacional. Sin embargo, para quienes frecuentan el ambiente ajedrecístico, la explicación puede ser más simple: al jugador le gusta competir, medir su nivel y participar de torneos reales.

Leandro González, ajedrecista y estudiante de ingeniería industrial en la UTN, sostuvo que la motivación puede pasar por la pasión por el juego. Jabie planteó una idea similar: un ajedrecista necesita desplegar su talento frente a otro jugador, no solo estudiar o practicar en soledad.

En ese punto, el paso de Peter Thiel por Torre Blanca dejó una postal curiosa: uno de los hombres más ricos del mundo sentado en un club de Almagro, pagando inscripción como cualquiera, perdiendo partidas ante jugadores locales y recibiendo una medalla común, con tiras celestes y blancas.