El calor amenaza a los pingüinos papúa de Tierra del Fuego: detectaron muertes de pichones durante una ola extrema
Un estudio científico publicado en PLOS One alertó sobre el impacto del aumento de las temperaturas en una colonia de pingüinos papúa de isla Martillo, en el Canal Beagle, Tierra del Fuego. La investigación, realizada por especialistas de la Argentina y el Reino Unido, detectó la muerte de pichones durante una ola de calor que alcanzó los 24 grados. El trabajo también reveló un dato inesperado: la colonia adelantó su temporada reproductiva a un ritmo de dos días por año, lo que por ahora ayuda a reducir la exposición de las crías a los días más cálidos del verano.
El pingüino papúa, también conocido como pingüino de vincha o juanito, se distingue por la franja blanca que cruza su cabeza de ojo a ojo y por su pico anaranjado rojizo. La especie habita en islas subantárticas y en la Península Antártica, aunque algunas colonias se instalaron más al norte. Una de ellas se encuentra en isla Martillo, donde las temperaturas son más elevadas que en otras zonas de su distribución natural.
Pichones expuestos al calor
Los investigadores explicaron que los pichones son especialmente vulnerables porque están cubiertos de plumón. Esa capa los protege del frío, pero limita su capacidad para liberar el exceso de calor corporal. Sus principales mecanismos para enfriarse son las patas y el jadeo, que consiste en respirar con el pico abierto para expulsar aire caliente.
El equipo analizó imágenes registradas desde 2013 por una cámara trampa instalada en la colonia. El dispositivo tomó fotografías cada hora durante las temporadas reproductivas, entre septiembre y marzo, sin perturbar a los animales. A partir de esos datos, los científicos pudieron observar cómo reaccionaban los pichones ante días de temperaturas inusualmente altas.
Por encima de los 20 grados, las crías tendieron a abandonar el área de nidificación para buscar sombra en arbustos cercanos o acercarse a la playa. El episodio más grave ocurrió en enero de 2015, durante una ola de calor de tres días. En ese período, cinco de los 32 pichones de la colonia murieron en menos de 45 minutos.
Un umbral peligroso
Los investigadores descartaron hambre, depredadores y enfermedades como causas probables de muerte. Los pichones tenían un peso normal para su edad y no presentaban heridas ni signos visibles de enfermedad. De todos modos, aclararon que la causa exacta no pudo determinarse porque los cuerpos estaban demasiado descompuestos para un análisis anatómico.
«Detectamos la coincidencia entre la muerte de los pichones y el registro de una ola de calor con temperaturas de hasta 24 grados que duró tres días», explicó la bióloga Sabrina Harris, del CADIC-CONICET y WCS Argentina. Según la investigadora, ese episodio marcó un umbral a partir del cual el calor puede volverse letal para las crías. También señaló que, desde los 19 grados, los pichones ya muestran conductas de estrés térmico.
La ola de calor de enero de 2015 fue confirmada por la estación meteorológica de Puerto Williams, ubicada a 15 kilómetros de la colonia. Allí se registró una temperatura máxima de 25,2 grados, el valor más alto desde 1971. Para una especie adaptada a conservar calor, esos registros representan un desafío creciente.
La sorpresa del estudio
El trabajo también detectó un adelanto progresivo del calendario reproductivo. Entre 2013 y 2023, el final de la etapa en la que los pichones dejan de ser cubiertos por sus padres se adelantó 23 días en total. Ese cambio permitió que las crías llegaran antes a la emancipación y evitaran parte de los días más calurosos del verano.
La doctora Andrea Raya Rey, también integrante del estudio, explicó que en la temporada 2020 los pichones evitaron 28 de las 44 horas calurosas del verano porque terminaron su ciclo antes. En cambio, durante la temporada 2014 casi no lograron esquivar las 38 horas de calor registradas, ya que su desarrollo terminaba más tarde. Desde 2021, las crías estuvieron expuestas a menos de 10 horas de temperaturas iguales o superiores a 20 grados por temporada.
Ese fenómeno, conocido como adelanto fenológico, suele ser una respuesta de algunas especies al calentamiento de la primavera. En este caso, aparece como una ventaja temporal para la colonia de isla Martillo. Sin embargo, los científicos advirtieron que ese margen podría agotarse si las olas de calor se vuelven más frecuentes o más intensas.
Un equilibrio frágil
Los autores del estudio remarcaron que el adelanto reproductivo no garantiza la supervivencia futura de la colonia. Si las temperaturas siguen aumentando, los pichones podrían quedar expuestos a niveles de calor que no logren compensar con cambios de comportamiento. En ese escenario, la colonia de isla Martillo podría enfrentar un riesgo de extinción local.
Harris también advirtió que, en días de calor, es fundamental evitar disturbios adicionales sobre los animales. Los pichones más grandes pueden desplazarse hacia la sombra o hacia la playa para regular su temperatura. Por eso, los especialistas remarcan la importancia de permitir siempre el libre movimiento de los pingüinos hacia el mar, especialmente cuando suben las temperaturas.
