La acumulación de reservas volvió a quedar en el centro de la discusión económica en la Argentina. Mientras el Banco Central ya compró más de 3.000 millones de dólares en lo que va del año, desde el Fondo Monetario Internacional advirtieron que ese proceso debe hacerse con cuidado, sin recurrir a mecanismos que comprometan la estabilidad futura. El mensaje de fondo es claro: sumar divisas fortalece la capacidad de respuesta ante una crisis, pero hacerlo mal puede abrir nuevos desequilibrios.

El planteo apareció en un contexto en el que el Gobierno busca reforzar la posición externa sin reavivar la inflación. En ese marco, el Presidente Javier Milei ya había dejado una señal pública al titular del BCRA, Santiago Bausili, al pedirle prudencia a la hora de comprar dólares para evitar efectos indeseados sobre los precios. Esa tensión entre acumulación de reservas y control inflacionario es, justamente, uno de los puntos sobre los que hizo foco el economista del FMI Pierre-Olivier Gourinchas.

El mensaje del Fondo sobre las reservas

El director de Investigaciones del FMI sostuvo que contar con un nivel adecuado de reservas internacionales protege a las economías frente a crisis y mejora su resiliencia. Sin embargo, aclaró que ese proceso no es rápido ni sencillo, y que exige políticas macroeconómicas consistentes en el tiempo. Para el organismo, la fortaleza externa no se construye con fórmulas de corto plazo, sino con un proceso sostenido y respaldado por disciplina fiscal y externa.

Gourinchas planteó además que los países con pocas reservas suelen ser más vulnerables cuando cambian las condiciones financieras o comerciales. Para ilustrarlo, apeló a la fábula de la cigarra y la hormiga: del mismo modo que un hogar necesita liquidez para enfrentar imprevistos, un país requiere recursos disponibles para atravesar shocks sin quedar expuesto. Desde esa lógica, el Fondo insiste en que la acumulación de reservas no debe verse como un lujo, sino como una inversión en estabilidad.

Sin deuda de corto plazo ni ingeniería financiera

Uno de los puntos centrales del planteo del FMI es que no conviene acelerar la acumulación de reservas mediante préstamos de corto plazo en moneda extranjera. Según Gourinchas, esa vía puede dar una mejora aparente, pero no resuelve el problema de fondo y termina dejando a la economía más frágil. Por eso, insistió en que no hay atajos eficaces cuando se busca reconstruir una posición externa sólida.

El economista recordó que varios programas de estabilización de las décadas del 80 y 90 fracasaron justamente por no haber acumulado reservas de manera genuina. En esos casos, la dependencia de flujos financieros volátiles y de un tipo de cambio poco flexible terminó interrumpiendo los procesos una vez que se frenó el ingreso de capitales. La conclusión del Fondo es que las reservas deben comprarse a lo largo de períodos prolongados y sobre bases sostenibles.

Qué condiciones hacen posible acumular reservas

Según el diagnóstico del FMI, en la mayoría de los casos la acumulación inicial de reservas se apoya en superávits fiscales y de cuenta corriente. Recién cuando el proceso de estabilización se consolida, las entradas netas de capital privado pueden cumplir un papel más relevante. Es decir, primero deben ordenarse las cuentas básicas de la economía y luego puede llegar un refuerzo adicional desde los mercados.

En ese sentido, Gourinchas advirtió que la sostenibilidad de la balanza de pagos depende de la capacidad de un país para generar superávits comerciales suficientes. Esos excedentes no solo deben alcanzar para afrontar dividendos e intereses de pasivos externos públicos y privados, sino también para acumular o sostener un nivel adecuado de reservas. El planteo deja entrever que la solidez externa no puede descansar en financiamiento transitorio, sino en resultados estructurales.

El riesgo inflacionario de comprar dólares

El FMI también remarcó que la acumulación de reservas puede generar presión sobre los precios si no se esteriliza correctamente. Esa advertencia conecta de manera directa con el debate que hoy atraviesa al Gobierno argentino. No se trata solo de sumar divisas, sino de hacerlo con una estrategia que no termine trasladando ese movimiento a la inflación.

Ese punto adquiere especial relevancia porque el propio Banco Central ya compró más de 3.000 millones de dólares en lo que va del año. Fueron 1.158 millones en enero, 1.557 millones en febrero y menos de 300 millones en lo que va de marzo. El ritmo, sin embargo, parece haberse moderado, en parte por el contexto internacional y en parte por la necesidad de evitar que la intervención cambiaria complique la desaceleración de los precios.

Reservas caras, pero necesarias

El Fondo reconoció, de todos modos, que acumular reservas tiene costos altos. Los activos que cumplen funciones de seguridad y liquidez suelen ofrecer rendimientos menores que otros destinos posibles para esos recursos, por lo que el costo de oportunidad del llamado “autoseguro” puede desalentar a muchos países. Aun así, el organismo sostiene que ese esfuerzo vale la pena porque reduce riesgos mayores a futuro.

Frente a esa dificultad, Gourinchas sugirió explorar mecanismos globales para abaratar el costo de mantener reservas. Entre otras posibilidades, mencionó la ampliación del menú de activos aptos para los bancos centrales y la creación de fondos comunes que permitan invertir reservas en dólares con menores costos de transacción, pero sin perder liquidez. La idea es facilitar una acumulación sostenible, sin obligar a los países a elegir entre protección externa y eficiencia financiera.

Una hoja de ruta que también mira a la Argentina

Aunque los lineamientos del FMI fueron planteados en términos generales, el contenido tiene una lectura directa para la economía argentina. El mensaje apunta a reforzar reservas, pero sin repetir esquemas sostenidos por deuda de corto plazo, atraso cambiario o ingeniería financiera excesiva. En otras palabras, el organismo promueve una acumulación más lenta, pero más sólida y menos riesgosa.

La recomendación final del Fondo es que los países construyan consenso alrededor de principios macroeconómicos básicos, como la disciplina fiscal y externa. Desde esa mirada, las reservas son parte de una arquitectura más amplia que incluye estabilidad de precios, sostenibilidad de la balanza de pagos y crecimiento duradero. Para el organismo, la clave no es solo tener más dólares, sino lograr que esos dólares sean el resultado de un proceso consistente y no el preludio de una nueva crisis.