El mercado automotor argentino atravesará una transformación drástica entre 2025 y 2027. Más allá de la modernización tecnológica propia de la industria, las automotrices locales deberán ajustar su producción en función de la especialización exportadora y la Ley de Promoción de la Industria Automotriz, que impone un cronograma para renovar modelos antes de 2027.

La industria nacional se orienta cada vez más hacia la producción de utilitarios y pick-ups, en respuesta al avance de las importaciones, en especial de origen chino, que inundan América Latina tras las restricciones arancelarias en Europa y Estados Unidos. Bajo este escenario, los vehículos compactos y SUV fabricados en Argentina tienen cada vez más dificultades para sostener exportaciones superiores al 50% de su producción.

El ejemplo más claro es Stellantis, que tras liderar la fabricación de autos compactos decidió ingresar al mercado de las camionetas con el proyecto Fiat Titano/RAM Dakota. Renault siguió un camino similar: su planta de Santa Isabel se convertirá en un polo de vehículos utilitarios y dejará de producir los modelos Sandero, Stepway y Logan hacia 2026, concentrándose en el furgón Kangoo y la nueva pick-up Niágara.

Reconfiguración de plantas y marcas

La tendencia alcanza también a otras compañías. Prestige-Auto compró la operación de Mercedes-Benz Argentina para potenciar la producción de Sprinter y evalúa fabricar el Vito en Virrey del Pino. Ford se concentra exclusivamente en la pick-up Ranger, mientras que Volkswagen interrumpió la producción del SUV Taos y se focalizará en la Amarok de nueva generación a partir de 2027.

Toyota, líder exportador, mantiene su apuesta en Hilux y SW4, además del ensamble en esquema CKD del furgón Hiace, que comenzó a exportarse a Brasil. Solo General Motors sostiene la fabricación de un SUV, la Chevrolet Tracker, mientras define si incorporará un utilitario liviano en la planta de Alvear, Santa Fe, para complementar su producción regional.

El impulso de la Ley de Promoción Industrial

La Ley de Promoción de Inversiones en la Industria Automotriz, sancionada en 2022 y vigente desde 2023, es uno de los motores de este cambio. La norma exime del pago de aranceles a los proyectos industriales registrados antes de diciembre de 2027, con un plazo máximo de tres años para ponerse en marcha. Entre los proyectos que ya se sumaron figuran la nueva Ford Ranger, el Peugeot 2008, la Fiat Titano y la próxima generación de Renault Niágara y Volkswagen Amarok.

No obstante, la legislación exige que los proyectos cumplan con condiciones de inversión mínima, generación de empleo, capacidad exportadora e integración local de autopartes. Este último requisito es clave para acceder tanto a los beneficios impositivos como al régimen del Acuerdo de Complementación Económica (ACE14) con Brasil, que vence en 2029.

Qué modelos tienen futuro y cuáles podrían desaparecer

El impacto inmediato es que varios modelos actuales no quedan comprendidos dentro de los beneficios de la ley. Entre ellos figuran Toyota Hilux y SW4, Fiat Cronos, Peugeot 208 y Partner, Citroën Berlingo, Renault Kangoo, Logan, Sandero y Stepway, Chevrolet Tracker y Volkswagen Amarok en su versión vigente.

Algunos de estos vehículos ya tienen renovación confirmada, como la Amarok y los modelos de Renault. Otros, como los Partner y Berlingo, parecen acercarse al final de su ciclo sin reemplazo a la vista. La Tracker de General Motors podría seguir el mismo camino. En contraste, los éxitos de ventas como el Cronos y el 208 no presentan un horizonte inmediato de recambio, aunque Stellantis confía en sostenerlos por su peso en el mercado interno.

Un parque automotor en plena transición

La incógnita principal está en Toyota, que concentra la mayor parte de las exportaciones nacionales. Sus dos modelos estrella, Hilux y SW4, quedan fuera del régimen de promoción salvo que incorporen una nueva generación en el corto plazo.

En este contexto, los próximos dos años estarán marcados por un proceso de especialización y reconfiguración de las terminales locales. La industria busca no solo adaptarse a las tendencias globales, sino también recuperar competitividad exportadora frente a un escenario de fuerte presión impositiva y competencia internacional.