El papa León XIV volvió a reclamar límites para el desarrollo y uso de la inteligencia artificial y puso esta vez el foco en la creación artística. En un mensaje publicado el 2 de octubre, sostuvo que resulta cada vez más necesario distinguir entre una obra realizada por una persona y el contenido producido mediante sistemas automáticos. También planteó que las capacidades técnicas de estas herramientas no deben confundirse con la experiencia humana que interviene en el proceso creativo.

«En esta era de la inteligencia artificial, se vuelve urgente distinguir el arte humano de lo que producen las máquinas», afirmó el pontífice. Para León XIV, existe una diferencia que va más allá de la calidad estética de la obra, porque los modelos generan resultados mediante cálculos realizados sobre enormes cantidades de contenidos previos. Su posición forma parte de una serie de intervenciones con las que comenzó a fijar la postura de su pontificado frente al avance de la IA.

El Papa puso el foco en el arte generado por IA

León XIV sostuvo que los algoritmos pueden reproducir estilos, imágenes, voces y otras formas de expresión, pero carecen de la experiencia personal que acompaña a una creación humana. En su argumento, una obra está atravesada por la biografía, las decisiones, los errores y las circunstancias de quien la produce. Una máquina puede imitar algunos de esos resultados sin experimentar aquello que les dio origen.

El planteo retoma ideas desarrolladas en Magnifica Humanitas, la encíclica publicada por el Papa en mayo de 2026. Allí analizó el impacto de la inteligencia artificial sobre distintos ámbitos de la sociedad y cuestionó la posibilidad de equiparar el procesamiento automatizado de información con capacidades propiamente humanas. El documento también aborda los efectos de estas tecnologías sobre la cultura, el pensamiento y la toma de decisiones.

En el caso del arte, León XIV considera que la diferencia no pasa únicamente por determinar si una imagen, una canción o un texto generado por IA puede parecer convincente. Su cuestionamiento apunta a la ausencia de una experiencia propia detrás de ese resultado. Bajo esa mirada, la capacidad de una máquina para reproducir un estilo no la convierte en autora en el mismo sentido que una persona.

El riesgo de una cultura cada vez más uniforme

Otro de los puntos planteados por el pontífice es la influencia de los algoritmos sobre los contenidos que consumen las personas. León XIV advirtió que los sistemas diseñados para ofrecer respuestas y recomendaciones personalizadas pueden favorecer una mayor homogeneización cultural. La preocupación está relacionada con la posibilidad de que la búsqueda de eficiencia y respuestas inmediatas reduzca el espacio para la duda, el error y la exploración personal.

El Papa también utilizó el concepto de «síndrome de Babel» para cuestionar una visión en la que todas las actividades humanas pueden ser traducidas a métricas, rendimiento y datos. Su postura no propone abandonar la inteligencia artificial ni impedir su desarrollo. El reclamo apunta a establecer controles sobre la forma en que se utiliza y sobre las decisiones que pueden delegarse en estos sistemas.

León XIV pidió que ese desarrollo esté acompañado por transparencia, controles democráticos y criterios vinculados con el interés común. También cuestionó que la evolución de la tecnología quede determinada exclusivamente por intereses comerciales o militares. La Iglesia, según expresó, busca además fortalecer su vínculo con artistas e instituciones culturales frente a los cambios que genera la expansión de estas herramientas.

Una posición que León XIV repitió desde el inicio de su pontificado

La inteligencia artificial se convirtió en uno de los temas tecnológicos sobre los que León XIV intervino con mayor frecuencia desde su elección. En distintas declaraciones pidió tomar en serio tanto los beneficios como los riesgos de sistemas cada vez más capaces de realizar tareas antes reservadas a personas. Sus advertencias abarcaron desde el empleo y la información hasta la autonomía de los modelos y la responsabilidad sobre sus decisiones.

El pontífice no cuestiona únicamente qué pueden hacer las máquinas, sino qué actividades deberían permanecer bajo control humano. En el terreno artístico, su respuesta es especialmente clara: una creación generada mediante cálculos no tiene, para él, la misma naturaleza que una obra surgida de una experiencia personal. Esa distinción pasó a formar parte de su reclamo más amplio por reglas para el desarrollo de la inteligencia artificial.