Después de los aumentos registrados durante los primeros meses de 2026, el mercado de la carne vacuna ingresó en una etapa de mayor estabilidad. La hacienda destinada al consumo interno dejó atrás los valores máximos del primer trimestre y comenzó a mostrar una mayor selectividad de la demanda. En carnicerías y supermercados, los precios también se mantienen dentro de un rango relativamente acotado. El principal límite aparece en el poder adquisitivo de los consumidores.

El Índice Novillo del Mercado Agroganadero de Cañuelas (MAG) había promediado $4.445 por kilo vivo en marzo. Posteriormente cerró julio en $4.317,7 y agosto en $4.304,6. Entre marzo y agosto acumuló así una baja nominal cercana al 3,2%, aunque con oscilaciones dentro de ese período. En las primeras ruedas de septiembre llegó incluso a ubicarse en $4.116,1 por kilo.

Agustín Lalor, de la consignataria Martín G. Lalor, explicó que el mercado había alcanzado un máximo entre febrero y abril por una menor disponibilidad de hacienda terminada en feedlot. En ese período, algunos novillos llegaron a negociarse alrededor de los $5.000 por kilo. Después de ese movimiento, los valores comenzaron a estabilizarse y registraron algunas correcciones.

El comportamiento no es igual para todas las categorías. La demanda exportadora continúa sosteniendo con mayor fuerza los precios de la vaca y de los novillos pesados destinados a mercados externos. Esa diferencia evita que la baja observada en la hacienda vinculada al consumo interno se replique de manera uniforme en todo el mercado.

El precio de la carne encontró un techo en el consumo

La estabilidad también se trasladó al mostrador. Según datos del Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (IPCVA), la media res alcanzó un máximo de $10.889 por kilo en marzo y luego se mantuvo alrededor de los $10.600. El precio promedio al consumidor se ubicó durante el mismo período cerca de los $18.400 por kilo.

Los valores varían según el corte y el canal de comercialización. Los supermercados mostraron, en promedio, precios inferiores a los registrados en las carnicerías. Desde el sector explican que esa estabilidad no necesariamente responde a una reducción de los costos de la cadena.

Matías Carli, gerente general de la Cámara Argentina de Matarifes y Abastecedores (Camya), señaló que las familias ajustaron sus decisiones de compra. Entre los cambios aparecen menores cantidades, una mayor búsqueda de cortes económicos y el reemplazo parcial de carne vacuna por pollo o cerdo. Esa conducta limita la posibilidad de trasladar nuevos incrementos al consumidor final.

El precio de la hacienda representa solo una parte del valor que finalmente se paga en el comercio. A lo largo de la cadena aparecen costos de faena, transporte, combustible, impuestos, energía, salarios y financiamiento. Cuando esos gastos suben pero el precio final permanece estable, parte de esa diferencia queda absorbida por matarifes, abastecedores y comercios minoristas.

La exportación sostiene algunas categorías

La situación también comenzó a trasladarse a la cadena de pagos. Según Carli, se observan mayores dificultades para cumplir compromisos comerciales, pedidos de extensión de plazos y pagos parciales. La circulación del dinero dentro de la cadena se vuelve así más lenta.

El escenario no muestra una caída generalizada de precios, sino una estabilización condicionada por la demanda. La hacienda destinada principalmente al consumo interno encuentra dificultades para sostener nuevas subas mientras los hogares mantienen restricciones en sus presupuestos. En cambio, las categorías con salida exportadora cuentan con una demanda adicional que sostiene mejor sus valores.

Una menor disponibilidad estacional de hacienda terminada podría volver a generar presión sobre los precios. Sin embargo, cualquier aumento enfrenta nuevamente la capacidad del mercado interno para absorberlo. Por ahora, el equilibrio entre oferta, exportaciones y consumo mantiene al novillo y a la carne vacuna dentro de una meseta.