El rendimiento de los bonos del Tesoro de Estados Unidos a 10 años superó el 5% anual y alcanzó su mayor nivel nominal desde octubre de 2023. El movimiento refleja un escenario internacional de mayor tensión, con inflación persistente, elevados déficits fiscales y altos niveles de endeudamiento en varias economías desarrolladas. A ese panorama se suman los efectos del conflicto en Medio Oriente sobre los precios de la energía. Para los mercados emergentes, tasas más altas implican condiciones de financiamiento menos favorables.

El bono estadounidense a 10 años había comenzado 2026 con un rendimiento cercano al 4,19%. Su avance hasta la zona del 5% encarece el costo de referencia utilizado para una amplia variedad de créditos e inversiones en el mundo. También tiende a reducir el atractivo relativo de los activos de mayor riesgo. Argentina, aunque con características propias, no queda completamente al margen de esos movimientos.

El economista jefe de Quantum Finanzas, Fernando Baer, explicó que el incremento ya no responde únicamente a la inflación. Según señaló, los mercados comenzaron a incorporar en los precios los desequilibrios fiscales y el endeudamiento de varias economías desarrolladas. «Hace tiempo veíamos movimientos ascendentes de las tasas nominales», sostuvo. Ahora, agregó, el foco también está puesto sobre la sostenibilidad de esas cuentas públicas.

Estados Unidos atraviesa además un escenario marcado por una inflación subyacente del 3,4% interanual y por la incertidumbre vinculada con el conflicto en Irán. A esos elementos se suma el proceso político rumbo a las elecciones legislativas del 3 de noviembre. El gobierno estadounidense impulsó medidas para intervenir sobre el mercado de bonos, aunque los rendimientos continuaron bajo presión.

Por qué una tasa más alta en Estados Unidos afecta a los emergentes

Cuando aumenta el rendimiento de los bonos del Tesoro estadounidense, los inversores pueden obtener una remuneración mayor en activos considerados de menor riesgo. Eso puede reducir los flujos de capital hacia economías emergentes y elevar el costo que deben pagar gobiernos y empresas para conseguir financiamiento. El impacto suele ser mayor en países con altos déficits o niveles elevados de deuda.

Milagros Gismondi, economista jefa de Invecq, señaló que el movimiento «encarece el crédito en general». Argentina no volvió todavía a colocar deuda soberana en los mercados internacionales, pero distintas compañías locales sí recurrieron a esas fuentes de financiamiento. Una tasa estadounidense más elevada puede obligarlas a ofrecer mayores rendimientos para captar inversores.

El encarecimiento global también puede afectar la actividad económica internacional. Tasas más altas desincentivan inversiones y consumo financiado, mientras que un menor nivel de liquidez internacional suele reducir el apetito por activos de economías emergentes. Para Argentina, el efecto dependerá tanto de ese contexto externo como de sus propias variables fiscales, monetarias y cambiarias.

Por el momento, el mercado argentino mostró una reacción acotada frente al aumento de los rendimientos estadounidenses. En el período analizado, el dólar mayorista se mantuvo alrededor de los $1.512 y el riesgo país se ubicó cerca de los 490 puntos básicos. El comportamiento estuvo en línea con otros mercados emergentes y también recibió influencia de la evolución política y financiera de Brasil.

Argentina llega con una posición diferente a otros episodios

Baer consideró que el equilibrio fiscal permite a Argentina enfrentar el endurecimiento internacional desde una posición distinta a la de otros períodos de turbulencia global. Según su análisis, en circunstancias anteriores un movimiento semejante podía provocar mayores presiones cambiarias, salida de depósitos y aumento de la demanda de activos externos. «Los fundamentos la alejan del pelotón de los malos alumnos», sostuvo.

Eso no significa que el país quede aislado de las condiciones externas. Un aumento sostenido de las tasas internacionales puede dificultar el regreso del Tesoro al mercado voluntario de deuda y encarecer las emisiones de compañías argentinas. También podría reducir la disponibilidad de capital para proyectos de inversión.

El escenario internacional incorpora además la evolución de Brasil, uno de los principales socios económicos de Argentina. Los movimientos en las encuestas electorales brasileñas impulsaron acciones locales y favorecieron una apreciación del real durante el período analizado. Esa dinámica aportó cierto respaldo regional frente al deterioro de las condiciones financieras globales.

La tasa estadounidense por encima del 5% representa así un desafío adicional para los mercados emergentes, aunque su impacto no es uniforme. Argentina mantiene por ahora una reacción financiera contenida, pero un período prolongado de tasas elevadas podría encarecer el acceso al crédito y limitar los flujos de capital destinados al país.