Estados Unidos y Arabia Saudita firmaron un acuerdo que permitirá al reino desarrollar un programa de energía nuclear con fines civiles. Sin embargo, el pacto despertó preocupación en Israel y entre legisladores estadounidenses porque, según trascendió, podría habilitar en el futuro el enriquecimiento de uranio en territorio saudita.

El entendimiento, conocido como «Acuerdo 123», aún debe ser aprobado por el Congreso de Estados Unidos. La firma se produjo en un contexto de alta tensión en Medio Oriente, marcado por la disputa regional entre Arabia Saudita e Irán y los esfuerzos de Washington por limitar el programa nuclear iraní.

El documento fue suscripto por el secretario de Energía de Estados Unidos, Chris Wright, y el ministro de Energía saudita, Abdulaziz bin Salman. Según informó el Gobierno estadounidense, el acuerdo está destinado exclusivamente a fines pacíficos y cumple con los estándares internacionales de no proliferación nuclear.

Desde Washington también destacaron que el convenio permitirá que empresas estadounidenses tengan acceso preferencial al desarrollo del sector nuclear saudita. «Pueden tener la certeza de que estos acuerdos cumplen con los más altos estándares de seguridad y no proliferación nuclear, al tiempo que se apoyan en la mejor tecnología nuclear y en los mejores científicos del mundo, desarrollados aquí mismo en Estados Unidos», afirmó Wright.

El enriquecimiento de uranio, el punto que genera mayor inquietud

Aunque el texto completo del acuerdo no fue difundido oficialmente, medios estadounidenses como The New York Times y The Wall Street Journal señalaron que el pacto contempla la posibilidad de que empresas de Estados Unidos construyan una planta de enriquecimiento de uranio en Arabia Saudita si un estudio conjunto concluye que existe una justificación técnica para hacerlo.

Ese aspecto despertó cuestionamientos tanto en Israel como entre legisladores demócratas y algunos republicanos, que advirtieron sobre el riesgo de que un programa nuclear civil pueda derivar, con el tiempo, en capacidades para desarrollar armas nucleares.

Actualmente, Arabia Saudita no mantiene relaciones diplomáticas con Israel y tampoco reconoce oficialmente al Estado israelí, un escenario que incrementa la sensibilidad regional frente a cualquier avance en materia nuclear.

Un acuerdo en medio de la tensión regional

La firma del convenio llega mientras Estados Unidos mantiene su presión sobre el programa nuclear de Irán, país que insiste en que sus actividades tienen fines exclusivamente civiles.

Arabia Saudita es uno de los principales aliados de Washington en Medio Oriente y en los últimos meses volvió a quedar involucrada en la escalada regional. El reino denunció ataques vinculados a Irán y retomó los enfrentamientos con los rebeldes hutíes de Yemen, poniendo en riesgo la tregua que ambas partes mantenían desde 2022.

El desarrollo de un programa nuclear civil forma parte de un objetivo que Riad sostiene desde hace años. En paralelo, Estados Unidos busca integrar este tipo de acuerdos dentro de una estrategia más amplia que incluya un pacto de defensa bilateral y, eventualmente, una normalización de las relaciones entre Arabia Saudita e Israel.

Hasta el momento, el acuerdo deberá superar el tratamiento en el Congreso estadounidense antes de entrar en vigencia, mientras continúa el debate sobre sus posibles implicancias para el equilibrio estratégico en Medio Oriente.