Las economías regionales muestran una recuperación desigual, con actividades exportadoras y energéticas que amplían su producción mientras otras continúan afectadas por precios rezagados y gastos operativos elevados. La minería, el complejo vinculado con Vaca Muerta, algunos segmentos agroindustriales y la economía del conocimiento aparecen entre los sectores con mejores perspectivas. En cambio, las actividades más dependientes del mercado interno enfrentan dificultades para trasladar sus costos y sostener la rentabilidad.

Las 37 economías regionales relevadas por la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca exportaron US$4.032 millones entre enero y mayo de 2026, el valor más alto para ese período en 22 años. Los envíos alcanzaron 3.124.835 toneladas, con un crecimiento interanual del 13,3% en valor y del 8,5% en volumen. Pese a esos resultados, los indicadores sectoriales muestran que el impulso externo todavía no alcanza a todas las producciones ni se distribuye de manera uniforme entre las provincias.

Un mapa productivo con desempeños muy diferentes

Gerardo Alonso Schwarz, economista jefe del Ieral de Fundación Mediterránea, señaló que la agroindustria, la forestoindustria, los servicios basados en el conocimiento y las energías renovables ofrecen oportunidades con distinto alcance territorial y capacidad de generación de empleo. El especialista explicó que cada provincia parte de capacidades industriales y productivas propias, que condicionan su posibilidad de incorporarse a las actividades en expansión. Las regiones suelen avanzar hacia negocios que requieren conocimientos, infraestructura y proveedores similares a los que ya tienen disponibles.

Para José Vargas, economista de Evaluecon, la minería de litio, cobre y oro, la producción de petróleo y gas, la vitivinicultura exportadora y determinadas actividades del NOA y el NEA se encuentran entre las de mejor desempeño. También destacó las perspectivas de la economía del conocimiento y de los sectores orientados a la demanda internacional. La construcción privada, el comercio minorista, una parte de la industria manufacturera y numerosas pymes permanecen más expuestos a la lenta recuperación del consumo interno.

El economista identificó como principales obstáculos la carga tributaria, los costos logísticos, la infraestructura insuficiente, el financiamiento caro y la apreciación del tipo de cambio real para algunos exportadores. Entre los elementos favorables mencionó la desaceleración inflacionaria, una mayor estabilidad macroeconómica y la demanda externa de alimentos, energía y minerales. Vargas consideró que la expansión regional dependerá tanto de la continuidad de esas condiciones como de reformas que reduzcan las desventajas estructurales.

Ocho actividades permanecen en zona de crisis

El Semáforo de Economías Regionales elaborado por Coninagro ubicó en rojo a la yerba mate, el arroz, el vino y el mosto, las hortalizas, el algodón, el maní, la leche y la mandioca. En esas producciones, los precios recibidos por los productores evolucionaron por debajo de la inflación y de los costos necesarios para mantener la actividad. La entidad señaló que el deterioro se concentra principalmente en el componente comercial de cada negocio.

Los bovinos, los ovinos, los granos y la miel fueron las únicas actividades clasificadas en verde, debido a una evolución de precios más favorable y a mejores condiciones de mercado. En el caso de los granos, el informe advirtió sobre el encarecimiento de los fertilizantes nitrogenados y el gasoil. El sector forestal, el tabaco, los cítricos dulces, las peras y manzanas, las aves, los porcinos y la papa quedaron en amarillo, con resultados intermedios y márgenes todavía ajustados.

Las ventas externas aportaron una señal más favorable para varias de estas cadenas. La acuicultura y pesca, la apicultura, las aromáticas y especias y las hortalizas pesadas alcanzaron sus mejores registros para un período enero-mayo desde 2004. Brasil, China y Estados Unidos se mantuvieron como los principales destinos de la producción regional argentina.

El acuerdo con la Unión Europea abre oportunidades y nuevas exigencias

El acuerdo comercial entre el Mercosur y la Unión Europea amplía las posibilidades de acceso a un mercado de más de 440 millones de consumidores. Vargas sostuvo que el entendimiento puede favorecer las exportaciones de alimentos, vinos, frutas y carnes, aunque exigirá mayores controles de calidad, trazabilidad, sustentabilidad y sanidad. Las condiciones serán diferentes para cada complejo, según los aranceles actuales, los cupos disponibles y el grado de presencia que ya tengan en Europa.

Un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario indicó que los langostinos congelados pasarán de pagar aranceles de hasta el 18% a ingresar sin ese costo en un período de cuatro años. El maní tendría mayores oportunidades en productos industrializados, mientras que la miel podrá acceder sin arancel dentro de una cuota regional de 45.000 toneladas. La forestoindustria cuenta con margen para ampliar sus envíos de tableros, papel, cartón y madera procesada.

La vitivinicultura obtendrá mejores condiciones de acceso y mayor protección para sus indicaciones geográficas, pero también deberá competir con el ingreso gradual de vinos europeos al mercado regional. Para el sector lácteo, los beneficios serían más acotados debido a la administración de cupos y a la fortaleza exportadora de los productores europeos. Las ventajas comerciales dependerán de la capacidad de cada actividad para cumplir las nuevas exigencias sin perder rentabilidad.

Los costos internos limitan el aprovechamiento exportador

Schwarz advirtió que el impuesto sobre los Ingresos Brutos, aplicado sucesivamente durante la cadena productiva, encarece las operaciones y desalienta la contratación de proveedores especializados. También mencionó la falta de inversión en rutas y ferrocarriles y la superposición de permisos nacionales, provinciales y municipales. Estas condiciones afectan especialmente a las economías alejadas de los puertos y de los principales centros de consumo.

El economista señaló que la disponibilidad de gas de Vaca Muerta podría permitir que la Patagonia amplíe su industria petroquímica y avance en la producción de polietileno, polipropileno y fertilizantes nitrogenados. Algunos proyectos de inversión ya comenzaron a orientarse hacia esas actividades. Su desarrollo requerirá infraestructura, proveedores y condiciones fiscales que permitan transformar el crecimiento energético en una cadena industrial más amplia.