El consumo de carne de cerdo casi se triplicó en dos décadas y ganó lugar frente a la vacuna
La carne de cerdo dejó de ocupar un lugar secundario en la alimentación de los argentinos y se convirtió en una opción habitual para reemplazar cortes vacunos. El consumo por habitante creció 171% durante los últimos 20 años, impulsado por la diferencia de precios, una mayor variedad en las carnicerías y cambios en la percepción sobre sus propiedades nutricionales. Desde el sector porcino estiman que la ingesta ya supera los 20 kilos anuales por persona.
Los datos oficiales muestran que el consumo pasó de 6,22 kilos por habitante en 2006 a 18,89 kilos en 2025. Agustín Seijas, director ejecutivo de la Federación Porcina, sostuvo que la tendencia continuó durante 2026 y permitió superar la barrera de los 20 kilos. En paralelo, la carne vacuna cayó a 47,3 kilos por persona, el nivel más bajo de las últimas dos décadas, según cifras de la Cámara de la Industria y el Comercio de Carnes y Derivados de la República Argentina (Ciccra).
La diferencia de precios tuvo un papel determinante. El kilo de carne vacuna promedió $18.564, mientras que el pechito de cerdo se ofreció a $8.944 y el pollo fresco a $4.822. Seijas señaló que la brecha histórica entre la carne vacuna y la porcina rondaba el 30%, pero durante 2026 llegó en algunos momentos al 120%.
El pechito ganó espacio en los asados
La diferencia quedó especialmente expuesta en febrero, cuando tres kilos de pechito de cerdo costaban lo mismo que un kilo de asado vacuno. Esa relación llevó a que el corte porcino se incorporara con mayor frecuencia a las parrillas y fuera presentado por el sector como un reemplazo directo de la carne vacuna. «No hay ningún asado que hoy no tenga un corte de cerdo», afirmó Seijas.
El aumento de la demanda también modificó la oferta disponible en las carnicerías. Cortes como nalga, bola de lomo, cuadrada, cuadril y carré, antes destinados en gran medida a la elaboración de chacinados y fiambres, comenzaron a comercializarse frescos. Las milanesas de cerdo elaboradas con piezas de la pata también ganaron presencia en la cocina cotidiana.
Durante 2025, la carne vacuna aumentó 56,8%, frente a una inflación anual del 31,5%, según la Cámara Argentina de la Industria de Chacinados y Carne de Cerdo (Caicha). En el mismo período, el precio de la carne porcina subió 29,4% y el pollo avanzó 19,2%. Seijas atribuyó la mayor estabilidad del cerdo a las condiciones productivas del sector y a su capacidad para sostener una alternativa más económica.
Qué señaló el informe del INTI
El Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI) analizó la composición de la carne porcina para determinar su aporte nutricional. De acuerdo con los resultados difundidos por la Federación Porcina, contiene proteínas de alto valor biológico, minerales esenciales y distintos tipos de grasas. El relevamiento buscó revisar la creencia de que todos los cortes de cerdo poseen un contenido graso elevado o menos conveniente que otras carnes.
Seijas sostuvo que algunos cortes presentan un perfil de grasas comparable con el de alimentos como el aceite de oliva. La composición, sin embargo, varía según la pieza elegida, la cantidad de grasa visible y la forma de cocción. El directivo destacó además la disponibilidad de cortes magros para personas que buscan aumentar su consumo de proteínas.
El informe también mencionó el aporte natural de creatina, una sustancia presente en los tejidos musculares. Desde la entidad señalaron que esta característica puede resultar de interés para deportistas, aunque su presencia en la carne no reemplaza automáticamente un plan alimentario ni una indicación profesional. La incorporación de cerdo a la dieta debe evaluarse junto con el resto de los alimentos consumidos y las necesidades de cada persona.
Un cambio progresivo en los hábitos
La promoción de la carne porcina atravesó distintas etapas durante las últimas décadas. Seijas recordó que las declaraciones realizadas en 2010 por la entonces presidenta Cristina Fernández de Kirchner sobre sus propiedades generaron una mayor visibilidad del producto. A partir de entonces, la industria amplió las campañas para presentar al cerdo como una carne fresca y no solamente como materia prima para fiambres.
La mejora genética, los cambios en la alimentación de los animales y la aparición de nuevos cortes también acompañaron esa transformación. Los productores buscaron ofrecer piezas más magras y adaptadas a preparaciones similares a las utilizadas con carne vacuna o pollo. Esa diversificación permitió que el consumo dejara de concentrarse en ocasiones especiales.
El crecimiento del 171% en dos décadas muestra que la carne porcina consolidó una presencia estable en la dieta argentina. El precio continúa siendo su principal ventaja frente a la carne vacuna, pero la ampliación de la oferta y la información nutricional también influyeron en el cambio. El sector espera que esa tendencia continúe a medida que más cortes frescos lleguen a los comercios.
