La muerte de Lindsey Graham dejó dudas sobre el caso y abrió una pelea por su banca
La muerte del senador republicano Lindsey Graham, uno de los aliados más cercanos de Donald Trump en el Congreso, generó interrogantes sobre las circunstancias del fallecimiento y abrió una disputa por su escaño en Carolina del Sur. El legislador tenía 71 años y su oficina informó inicialmente que había atravesado una enfermedad «breve y repentina». Un reporte preliminar del médico forense atribuyó el deceso a una disección aórtica vinculada con una enfermedad cardiovascular arteriosclerótica.
Los servicios de emergencia acudieron a la residencia de Graham en Washington después de recibir un aviso por un presunto paro cardíaco. Según las grabaciones difundidas, los rescatistas debieron forzar el ingreso y realizaron maniobras de reanimación antes de trasladarlo al Hospital de la Universidad George Washington. En los audios se menciona a un paciente de 73 años, una diferencia respecto de la edad real del senador que no fue explicada oficialmente.
Qué participación tuvo el FBI
El director del FBI, Kash Patel, informó que la agencia prestaba asistencia a las autoridades locales y que pondría sus recursos a disposición. La colaboración federal alimentó especulaciones sobre el caso, aunque fuentes cercanas al procedimiento aclararon que esa participación no implica necesariamente la existencia de un delito. El diagnóstico preliminar continúa apuntando a una causa cardiovascular.
Un integrante del equipo de Graham aseguró que el senador no había manifestado problemas de salud importantes antes de su muerte. El dirigente había regresado de un viaje a Ucrania, donde se reunió con el presidente Volodímir Zelenski y volvió a respaldar la asistencia militar estadounidense. Su posición a favor de Kiev lo había convertido en una de las voces republicanas más firmes dentro del Senado.
Trump también reveló que había hablado con Graham poco antes de la emergencia. Según relató, el senador le dijo que estaba cansado, pero no mencionó otros síntomas. El presidente lo despidió como un «verdadero patriota estadounidense» y la Casa Blanca ordenó que las banderas fueran izadas a media asta.
Una interna acelerada en Carolina del Sur
La vacante abrió una disputa inmediata dentro del Partido Republicano. Graham había ganado las primarias con cerca del 57% de los votos y se preparaba para competir por una nueva reelección. Su muerte obliga al espacio a reorganizar la candidatura y podría derivar en una campaña interna de plazos reducidos.
Entre los nombres mencionados aparecen el empresario Mark Lynch, quien había quedado segundo en las primarias, y Paul Dans, exfuncionario de la administración Trump vinculado con el programa «Proyecto 2025». La congresista Nancy Mace también evalúa sumarse a la competencia y podría alterar el equilibrio interno por su nivel de exposición nacional. Del lado demócrata, la candidata definida es la pediatra Annie Andrews.
La pelea por el escaño adquiere relevancia por la situación ajustada de los republicanos en el Senado. La ausencia de Graham se suma a la del veterano Mitch McConnell, quien permanece hospitalizado sin precisiones públicas sobre su estado de salud. El reemplazo del senador de Carolina del Sur tendrá impacto en las votaciones de la Cámara alta y en el armado electoral del partido.
Graham acumulaba más de tres décadas en el Congreso y había pasado de cuestionar duramente a Trump a convertirse en uno de sus principales defensores. Su influencia se extendía especialmente a la política exterior y a los debates sobre Ucrania, Israel e Irán. Su muerte deja un vacío político dentro del republicanismo y abre una sucesión que podría tener alcance nacional.