Un informe reciente del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) reveló que, al cierre de 2024, los argentinos mantenían fuera del sistema financiero local un total de 214.505 millones de dólares. El dato confirma una constante histórica de desconfianza y resguardo en divisas que, pese a los cambios de gestión, no logra revertirse. El monto equivale a más de ocho veces las reservas brutas del Banco Central de la República Argentina (BCRA), que este viernes cerraron en torno a los USD 26.000 millones.

Según el informe «Balanza de pagos, posición de inversión internacional y deuda externa», la mayoría de estos fondos se encuentra en billetes físicos, cuentas declaradas en el exterior o depósitos en bancos fuera del país. Apenas USD 31.524 millones están depositados en entidades locales, lo que implica que el 87% de ese capital circula completamente por fuera del sistema argentino.

Desconfianza estructural

La persistente tendencia a dolarizar los ahorros por fuera del sistema se explica por una combinación de factores: la herencia de crisis financieras, los altos niveles de inflación, el cepo cambiario vigente desde hace más de una década y la inestabilidad macroeconómica crónica. Ni el blanqueo fiscal promovido en 2024 —que logró exteriorizar más de USD 22.000 millones en efectivo— ni la promesa de dolarización «endógena» del presidente Javier Milei lograron revertir ese patrón de comportamiento.

El propio mandatario reconoció la magnitud del problema en distintas declaraciones y pidió en reiteradas ocasiones que los ciudadanos «saquen la plata del colchón». Sin embargo, los depósitos en dólares del sector privado —que habían alcanzado un pico de USD 34.682 millones en octubre— cayeron a USD 29.606 millones al 25 de marzo, una baja del 14,6% en menos de cinco meses.

Un puente hacia el FMI y el fin del cepo

El Gobierno apuesta a que el nuevo acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI), por un monto estimado en USD 20.000 millones, permita duplicar las reservas brutas del BCRA y alcanzar la zona de los USD 50.000 millones. Esa cifra sería la base para desmontar los controles cambiarios y avanzar hacia una mayor liberalización financiera.

Sin embargo, en las últimas semanas, la presión cambiaria y la incertidumbre sobre el esquema de dólar oficial volvieron a tensionar el mercado. Solo en la última semana, el BCRA vendió USD 1.445 millones en el mercado de cambios, mientras que el saldo neto de marzo se tornó negativo en unos USD 800 millones. En lo que va del año, las reservas brutas cayeron cerca de USD 3.400 millones.

El carry trade se desarma y el dólar vuelve a escena

El panorama actual refleja una demanda creciente de cobertura en dólares. Inversores institucionales comenzaron a desarmar posiciones en instrumentos en pesos y buscaron refugio en activos dollar linked. En ese contexto, el Tesoro colocó $1,1 billones en bonos atados al tipo de cambio, señal de que volvió a activarse un apetito defensivo que había estado apagado en los primeros meses del año.

El equipo económico busca revertir esta tendencia reforzando las reservas para que el peso vuelva a ganar valor. El objetivo de corto plazo es generar condiciones para una apreciación sostenida antes del ciclo electoral de 2025. A mediano plazo, esa hoja de ruta permitiría eliminar el cepo y facilitar la llegada de inversiones estratégicas en sectores como la energía y la minería.

Las condiciones que esperan los inversores

Desde el sector privado aseguran que existen señales positivas, como el orden fiscal y la desaceleración inflacionaria, pero advierten que la incertidumbre cambiaria sigue siendo el principal obstáculo. Estudios jurídicos aseguran haber recibido más consultas sobre radicación de inversiones, pero las definiciones todavía están en suspenso.

Según empresarios y analistas, hay dos condiciones clave que deben cumplirse para que el capital internacional regrese con fuerza: un horizonte más claro sobre la salida del cepo y los resultados de las elecciones legislativas de 2025. Hasta entonces, buena parte del capital argentino —y extranjero— seguirá esperando.