China replica tácticas rusas para influir en la opinión pública global, según una investigación
Una investigación de Graphika advirtió sobre una red digital vinculada a intereses del Partido Comunista Chino que habría usado sitios web, subdominios, cuentas coordinadas y técnicas de ocultamiento para amplificar narrativas favorables a China. El informe fue presentado bajo el nombre «Glass Onion» y describe un ecosistema de contenidos diseñado para parecer legítimo antes de circular en redes sociales.
El caso se conoce en un contexto de mayor competencia por la influencia global. Según publicó The Economist, el último plan quinquenal del gobierno de Xi Jinping incorpora como prioridad el fortalecimiento de la influencia internacional china, con el argumento de contrarrestar los «sesgos occidentales» y defender sus intereses nacionales.
La estrategia, de acuerdo con el relevamiento, no se limita a mostrar imágenes positivas del país en redes sociales. También incluye la creación de sitios con apariencia periodística, contenidos reciclados de medios estatales, campañas contra críticos del régimen y mensajes adaptados a públicos extranjeros.
Qué es la operación «Glass Onion»
El informe de Graphika, elaborado por Margot Fulde-Hardy y Lili Turner, analizó una red de dominios y subdominios que imitaban el estilo de medios internacionales, portales generalistas y sitios estatales chinos. Esas páginas publicaban desde notas sobre avances tecnológicos hasta contenidos negativos contra opositores o grupos críticos del gobierno chino.
Según la investigación, la operación se apoyó en empresas privadas de marketing y relaciones públicas radicadas en China. Estas compañías habrían diseñado, mantenido y alimentado parte de la estructura digital, lo que permite sumar capas de distancia formal entre la campaña y los organismos estatales.
La red también habría usado plantillas compartidas, proveedores comunes y mecanismos para dificultar el rastreo. Luego, los contenidos eran amplificados en redes sociales mediante cuentas automatizadas y operadores humanos, muchas veces vinculados a ecosistemas de propaganda ya identificados como Spamouflage, también conocido como Dragonbridge o Storm 1376.
Una lógica parecida a la rusa
Los métodos detectados tienen puntos de contacto con campañas rusas como Doppelganger, una operación que replica sitios de medios, altera contenidos y distribuye noticias falsas o manipuladas para influir en debates públicos. Ese tipo de estrategia ya fue señalada en investigaciones sobre procesos electorales, polarización política y pérdida de confianza en medios tradicionales.
En el caso chino, la lógica sería similar: construir capas de circulación para que un contenido pierda su origen visible y gane apariencia de legitimidad. A ese proceso, los investigadores lo describen como una forma de «lavado informativo», donde una narrativa pasa por distintos canales antes de llegar al público final.
Las campañas no apuntan solo a promocionar cultura, turismo o tecnología. También buscan instalar mensajes contra críticos del régimen, difundir la idea de que China es víctima de conspiraciones internacionales y reforzar versiones favorables a sus intereses geopolíticos.
Redes sociales, IA y contenidos contra Estados Unidos
The Economist también citó la identificación de cuentas vinculadas al régimen chino que habrían usado herramientas de inteligencia artificial para generar contenido crítico contra políticas de Estados Unidos y contra Donald Trump. Ese material habría circulado en plataformas como X, YouTube y Facebook.
Según el reporte, esos mensajes evitaron referencias directas a Xi Jinping y se concentraron en sembrar dudas sobre el rumbo económico, tecnológico y político estadounidense. La táctica muestra un cambio en la forma de operar: menos propaganda frontal y más contenido presentado como opinión, análisis o información aparentemente neutral.
La investigación también menciona narrativas recientes que mostraban a China como un actor capaz de impulsar soluciones diplomáticas en Medio Oriente o en Ucrania. Sin embargo, esas versiones conviven con el apoyo tecnológico y comercial de Beijing a sus aliados, además de la presión militar constante sobre Taiwán.
América Latina y el riesgo de manipulación
Los especialistas advierten que América Latina puede ser un terreno fértil para este tipo de operaciones. La región ya fue incluida en análisis sobre campañas rusas de desinformación, especialmente por la circulación de sitios clonados, contenidos polarizantes y piezas diseñadas para erosionar la confianza en medios e instituciones.
En el caso chino, la presencia todavía aparece menos visible que la rusa, pero los informes señalan que la lógica puede expandirse con facilidad. La combinación de medios falsos, cuentas coordinadas y mensajes adaptados a temas locales permite intervenir en debates públicos sin mostrar con claridad quién está detrás.
Tanto Graphika como The Economist remarcaron que denunciar injerencias externas exige pruebas sólidas. El riesgo, señalaron, es doble: por un lado, las campañas reales pueden afectar el debate democrático. Por otro, acusaciones sin evidencia pueden terminar desacreditando a actores locales legítimos.
La disputa por la opinión pública se volvió una parte central de la competencia entre potencias. En ese escenario, las operaciones digitales ya no buscan solo difundir propaganda, sino mezclarse con el ecosistema informativo hasta que su origen resulte difícil de identificar.