El Niño podría anticipar años críticos: un estudio apunta al exceso de lluvias como amenaza clave
Un estudio de la Universidad de Harvard y la Universidad de Ghana identificó que las lluvias intensas, como las de El Niño, pueden ser tan perjudiciales para el cacao como los períodos de sequía. El trabajo, publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), encontró que determinados patrones climáticos permiten anticipar con meses de margen temporadas de menor rendimiento. La investigación analizó especialmente lo que ocurre en Ghana y comparó los resultados con Ecuador e Indonesia.
El cacao depende de un equilibrio hídrico delicado durante distintas etapas de su desarrollo. Los árboles atraviesan procesos sucesivos de floración, polinización y formación de las vainas, por lo que tanto la falta como el exceso de agua pueden afectar la cosecha. Las lluvias fuertes durante momentos sensibles también favorecen enfermedades fúngicas y pueden dañar flores jóvenes.
Anna Lea Albright, quien dirigió la investigación durante su etapa posdoctoral en el Centro para el Medio Ambiente de Harvard, señaló que la sequía ya era reconocida como una amenaza para el cultivo. El aspecto menos estudiado era el impacto del extremo opuesto. Según explicó, en Ghana la combinación entre lluvias excesivas durante la temporada húmeda y sequía durante el período seco explica aproximadamente dos tercios de las variaciones anuales de la producción.
Por qué las lluvias intensas pueden afectar la cosecha
El equipo trabajó con alrededor de dos décadas de datos distritales proporcionados por la Junta del Cacao de Ghana. Como durante ese período aumentó la superficie cultivada, los investigadores ajustaron esa tendencia de largo plazo para poder estudiar las variaciones entre un año y otro.
Posteriormente cruzaron esos registros con información meteorológica diaria. Analizaron precipitaciones medias, episodios de lluvia intensa, sequías, humedad del suelo y temperaturas extremas. El objetivo fue determinar qué variables mostraban una relación más consistente con las fluctuaciones de las cosechas.
Los indicadores que mejor explicaron el comportamiento productivo fueron los aguaceros fuertes entre abril y junio, cuando los árboles florecen y comienzan a desarrollar las vainas, y la falta de lluvia entre noviembre y febrero. Las precipitaciones promedio, por sí solas, resultaron insuficientes para describir el riesgo.
Una de las posibles explicaciones es que los episodios intensos dañen directamente las flores o favorezcan la proliferación de enfermedades. También pueden producir salpicaduras desde el suelo que transporten patógenos hacia las plantas.
El patrón también apareció en Ecuador e Indonesia
Los científicos extendieron el análisis a Ecuador e Indonesia para determinar si el comportamiento observado en Ghana era excepcional. En ambos países encontraron una tendencia similar: los años con lluvias más intensas durante períodos húmedos tendieron a mostrar peores resultados para el cacao.
La relación resulta especialmente relevante porque esos episodios de precipitación están vinculados con fenómenos climáticos de mayor escala. Entre ellos aparecen El Niño y las variaciones de temperatura en la superficie del océano Atlántico.
Eso abre la posibilidad de utilizar pronósticos climáticos para anticipar temporadas particularmente desfavorables. Si los productores conocen con suficiente antelación la probabilidad de lluvias intensas o períodos secos, podrían ajustar prácticas destinadas a reducir daños.
Peter Huybers, autor principal del trabajo y director del Departamento de Ciencias de la Tierra y Planetarias de Harvard, mencionó entre las alternativas aumentar la cobertura vegetal para amortiguar el impacto de las gotas sobre las flores. También planteó conservar una mayor cantidad de hojarasca para reducir las salpicaduras que pueden trasladar infecciones desde el suelo.
Un problema que ya impactó en el precio del chocolate
La sensibilidad de la producción de cacao tiene consecuencias que trascienden las zonas de cultivo. Durante 2024, el precio internacional del cacao en bruto llegó a triplicarse, una suba que posteriormente repercutió en chocolates más caros, productos de menor tamaño y cambios en algunas formulaciones.
La posibilidad de anticipar años de baja producción podría ayudar a mejorar la planificación agrícola y las estrategias de prevención. Sin embargo, el estudio advierte que las condiciones climáticas representan solo una parte del problema.
En Ghana también influyen el envejecimiento de las plantaciones, las plagas, las enfermedades, los costos de los fertilizantes, el contrabando y el avance de la minería de oro. Además, los propios registros de precipitación presentan limitaciones para medir con precisión los aguaceros más extremos.
El cambio climático suma incertidumbre
Los investigadores también advierten que el cambio climático podría modificar la frecuencia y la intensidad de las lluvias en las principales regiones productoras. Las proyecciones todavía presentan dificultades para representar con precisión la evolución futura de las precipitaciones en África Occidental.
El trabajo no sostiene que El Niño determine por sí solo una mala cosecha de cacao. Lo que muestra es que ciertos patrones climáticos asociados a lluvias intensas y sequías pueden funcionar como señales tempranas de mayor riesgo productivo.
La investigación agrega así un elemento a la discusión sobre el futuro del cacao: el peligro no depende únicamente de temperaturas elevadas o falta de agua. También importa cuánto llueve, en qué momento del ciclo de la planta y con qué intensidad se producen esos episodios.
