Un estudio descartó una campaña anti-Argentina en redes, aunque confirmó una ola masiva de mensajes hostiles
Un estudio sobre la conversación digital generada durante el Mundial concluyó que no existieron pruebas de una operación organizada para instalar mensajes contra la Argentina. El análisis detectó una circulación amplia de contenidos hostiles, pero encontró que la participación fue dispersa y protagonizada por cientos de miles de usuarios sin una coordinación común. Las respuestas de las cuentas argentinas, además, contribuyeron a mantener los temas más conflictivos dentro del debate.
La investigación fue elaborada por el laboratorio de investigación política y electoral Inteligencia Analítica. El equipo examinó 587.907 publicaciones en X realizadas por 325.627 cuentas, que en conjunto superaron los 552 millones de impresiones. «La hostilidad fue real, intensa y masiva, pero su circulación fue dispersa y orgánica», resumieron los investigadores.
Las críticas se multiplicaron durante el torneo y después de la final contra España. Personalidades como el streamer Speed, la cantante Rosalía, el actor Samuel L. Jackson y Mia Khalifa compartieron o replicaron mensajes vinculados con la Selección y con el país. La extensión de esas publicaciones llevó a distintos usuarios y dirigentes a hablar de una posible «campaña antiargentina».
El presidente Javier Milei también se refirió a esa interpretación y relacionó la circulación de críticas con la posición internacional del país. El estudio no evaluó las afirmaciones políticas ni buscó identificar responsabilidades gubernamentales. Su objetivo fue determinar si el comportamiento de las cuentas mostraba características compatibles con una operación digital coordinada.
La mayoría de las cuentas tenía varios años de actividad
Uno de los principales indicadores examinados fue la antigüedad de los perfiles. La mitad de las cuentas participantes tenía más de 7,46 años y el 81% acumulaba al menos tres años de actividad. Solo el 0,29% había sido creado después del comienzo del Mundial.
Los investigadores consideraron que esos datos no respaldan la hipótesis de una creación masiva de usuarios para impulsar una campaña. También observaron que la mitad de las cuentas publicó un solo mensaje sobre el tema. No apareció un grupo reducido de perfiles que repitiera contenidos de manera intensiva, un patrón que suele asociarse con redes automatizadas o granjas de cuentas.
El análisis de las interacciones tampoco mostró comunidades cerradas que actuaran de forma conjunta. La transitividad de la red fue de 0,0002, un valor que indica una presencia casi nula de pequeños núcleos cuyos integrantes se respondieran entre sí. La conversación se desarrolló principalmente entre usuarios sin vínculos digitales previos.
El debate futbolístico concentró la mayor atención
Los mensajes sobre arbitrajes, supuestas ayudas, el VAR, la FIFA y posibles favoritismos ocuparon el espacio principal. Ese enfoque apareció en entre el 8,2% y el 8,9% de las publicaciones y reunió el 13,2% de las impresiones. Ninguno de los restantes marcos identitarios superó el 2,4% del total.
El estudio identificó también comunidades dedicadas a acusaciones de racismo, expresiones antiargentinas, referencias a Malvinas y discusiones sobre Israel y Palestina. Ninguna consiguió dominar por sí sola la conversación global. Los resultados no negaron la existencia de mensajes agresivos, sino que señalaron la ausencia de una estructura central que los organizara.
El 63,3% de las publicaciones apareció durante el día posterior a la final, cuando el resultado deportivo ya estaba definido. A partir de ese momento, una parte del debate dejó de concentrarse en el partido y comenzó a incluir cuestionamientos sobre la identidad argentina. Ese desplazamiento amplió el alcance de asuntos que originalmente tenían una presencia minoritaria.
Las respuestas argentinas aumentaron la visibilidad
Las cuentas argentinas generaron el 7,1% de las publicaciones analizadas, pero concentraron el 22,7% de las impresiones. También recibieron el 30,8% de las respuestas procedentes de usuarios extranjeros. Pese a representar una porción reducida del volumen total, tuvieron una participación central en las discusiones más intensas.
La investigación observó que las cuentas locales hablaron sobre racismo casi el doble que la mayoría de los demás grupos. El análisis no determinó quién había iniciado las agresiones ni distinguió automáticamente entre acusaciones, defensas y críticas internas. Sí mostró que cada respuesta, cita o discusión contribuía a prolongar la circulación de esos contenidos.
El asunto Malvinas representó apenas el 1,28% de las publicaciones argentinas, pero reunió el 5,16% de sus impresiones. La diferencia indica que un número reducido de mensajes alcanzó una difusión muy superior a su peso dentro del conjunto. El tema tuvo una fuerte visibilidad sin transformarse en el eje dominante de la conversación.
La conclusión de Inteligencia Analítica fue que la hostilidad no necesitó de una dirección centralizada para alcanzar una escala global. Cientos de miles de usuarios participaron una o dos veces, impulsados por debates deportivos, políticos o identitarios ya presentes en las redes. «No fue una operación. Fue una multitud activando y haciendo circular prejuicios que ya estaban disponibles», sostuvo el informe.
